LA ARMONIA DE LOS ATOMOS
Si las
más refinadas mentes pueden descifrar sólo con dificultad las formas en que
opera la naturaleza en sus planos más profundos, ¿cómo podría suponerse que
esas formas de operar son simplemente un accidente inconsciente, el producto de
una casualidad ininteligible?
Paul
Davies. Profesor de Física Especulativa31
Los
científicos están de acuerdo en general, según los cálculos, en que el Big Bang
tuvo lugar hace unos 17 mil millones de años. Toda la materia que constituye el
universo fue creada de la nada pero con el designio maravilloso acerca del que
hablamos en los dos primeros capítulos. De todos modos, el universo que emergió
del Big Bang podía haber sido muy diferente de éste en el que aparecimos
nosotros.
Por
ejemplo, si los valores de las cuatro fuerzas fundamentales hubiesen resultado
distintos, el universo habría consistido solamente de radiación y se habría
vuelto un tejido de luz sin estrellas, galaxias, seres humanos y otras cosas.
Gracias al extraordinario equilibrio perfecto de esas cuatro fuerzas, pasaron a
existir los "átomos", es decir, los "ladrillos" de lo que
llamamos "materia".
Los
científicos también están de acuerdo en que los dos primeros elementos más
simples --el hidrógeno y el helio-- comenzaron a formarse durante los primeros
catorce segundos después del Big Bang. Los elementos se formaron como resultado
de una reducción en la entropía universal, que estaba
causando que la materia se disperse por todas partes. En otras palabras, el
universo fue al principio un amontonamiento de átomos de helio e hidrógeno. Si
hubiese permanecido así, no habrían existido las estrellas, los planetas, las
piedras, el suelo, los árboles o los seres humanos. Habría sido un universo
inanimado, exánime, consistente sólo de esos dos elementos.
Pero
el carbono, el elemento fundamental de la vida, es mucho más pesado que el
hidrógeno y el helio. ¿Cómo pasó a existir?
Al
investigar para responder a ello, los científicos se toparon con uno de los
descubrimientos más sorprendentes del siglo XX.
La Estructura De Los Elementos
La
química es una ciencia que trata de la composición, estructura y propiedades de
las substancias, así como de las transformaciones que sobrellevan. La piedra
fundamental de la química moderna es la tabla
periódica de elementos. Establecida en primer lugar por el químico ruso Dimitri
Ivanovich Mendeleiev, los elementos en la tabla periódica están colocados según
sus estructuras atómicas. El hidrógeno ocupa el primer lugar en la tabla porque
es el más simple de todos los elementos, ya que consiste solamente de un protón
y un electrón que gira a su alrededor en el núcleo.
Los
protones, en el núcleo del átomo, son partículas subatómicas que poseen una
carga eléctrica positiva. El helio, con dos protones, ocupa el segundo lugar en
la tabla periódica. El carbono tiene seis protones y el oxígeno ocho. Todos los
elementos difieren en el número de protones que contienen.
Otra
partícula presente en el núcleo de un átomo es el neutrón. A diferencia de los
protones, los neutrones no llevan carga eléctrica: son neutros, y de ahí su
nombre.
La
tercera partícula básica de que se componen los átomos es el electrón, el cual
tiene carga negativa. En todos los átomos existe el mismo número de electrones
y protones. Sin embargo, a diferencia de los neutrones y protones, los
electrones no están colocados en el núcleo sino que se mueven alrededor de éste
a una velocidad muy elevada que mantiene separadas las cargas del átomo.
La
diferencia en la estructura atómica (el número de protones y electrones) es lo
que hace a los elementos distintos uno del otro.
Una
norma crucial de la química (clásica) es que los elementos no se pueden
transformar uno en otro. Cambiar o transformar el hierro (con 26 protones) en
plata (con 18 protones) requiere sacar ocho protones del núcleo del átomo de
hierro. Pero los protones están unidos por la fuerza nuclear fuerte y el número
de protones en un núcleo solamente puede modificarse por medio de reacciones
nucleares, cosa no posible para nosotros en las condiciones normales
terrestres, pues las reacciones aquí son químicas y dependen del intercambio de
electrones, sin afectar al núcleo.
En la
Edad Media existió una "ciencia" llamada "alquimia",
predecesora de la química moderna. Los alquimistas, al desconocer la tabla
periódica o la estructura atómica de los elementos, pensaban que era posible
transformar un elemento en otro. (Un objetivo perseguido, por motivos fáciles
de entender, era transformar el hierro en oro). Ahora sabemos que lo que
intentaban los alquimistas era imposible en condiciones normales como las de la
Tierra: las temperaturas y presiones requeridas para esa transformación son
demasiado enormes como para alcanzarlas en un laboratorio terrestre. Pero es
posible si se dispone del lugar correcto para hacerlo.
Y el
lugar correcto resulta que está en el corazón de las estrellas.
Los Laboratorios De Alquimia Del Universo: Las Gigantes Rojas
La
temperatura requerida para superar la renuencia del núcleo a verse
modificado es de aproximadamente 10 millones de grados Celsius (grados
centígrados). Es por esto que la "alquimia", en el sentido real,
tiene lugar solamente en las estrellas. La enorme energía que radian estrellas
de tamaño medio como el Sol, es el resultado de que el hidrógeno se convierte
en helio por medio de un proceso de fusión.
Teniendo
presente esta breve reseña de los elementos químicos retornemos al momento
inmediato después del Big Bang. Mencionamos que en el universo existían
solamente los átomos de helio e hidrógeno a continuación de la gran explosión.
Los astrónomos creen que las estrellas tipo solar (de la cual el Sol es una) se
formaron como resultado de nebulosas (nubes) de gas compuestas de hidrógeno y
helio, que se comprimieron hasta que se dio inicio a la reacción termonuclear.
De ese modo tuvimos las estrellas. Pero el universo seguía sin vida. Para la
vida se requerían elementos más pesados, específicamente oxígeno y carbono. Se
necesitaba la existencia de otro proceso por medio del cual el hidrógeno y el
helio se convirtiesen en otros elementos.
La
"planta procesadora" de esos elementos pesados estaba en las gigantes
rojas, una clase de estrellas 50 veces más grande que el Sol.
Las
gigantes rojas son mucho más calientes que las estrellas tipo solar, característica
que les permite hacer algo que otras estrellas no pueden: convertir el helio en
carbono. De todos modos, incluso para una gigante roja hacer eso no es algo
fácil, como dice el astrónomo Greenstein: "Incluso ahora, cuando
disponemos de la respuesta (de cómo se produce), el método empleado se presenta
sorprendente"32.
El peso atómico del helio es 2. Es decir, tiene dos
protones en el núcleo. El
peso atómico del carbono es 6. A la temperatura fantásticamente elevada de las
gigantes rojas, tres átomos de helio se fusionan para formar un átomo de
carbono. Esta es la "alquimia" que proveyó al universo con sus
elementos más pesados después del Big Bang.
Pero como dijimos, ello no es fácil. Es casi imposible persuadir a dos
átomos de helio que se junten. Y ya es totalmente imposible conseguir que se
junten tres. Entonces, ¿por medio de qué procedimiento se consigue que se
junten los seis protones necesarios para el átomo de carbono? Se trata de un
proceso de dos pasos. Primero se funden dos átomos de helio en un elemento
intermedio con cuatro protones y cuatro neutrones. Después se agrega un tercer
(átomo) de helio a este elemento intermedio para formar el átomo de carbono con
seis protones y seis neutrones.
El
elemento intermedio es el berilio, el cual se da naturalmente en la Tierra.
Pero el que se produce en las gigantes rojas es distinto en un sentido
especialmente importante: consiste de cuatro protones y cuatro neutrones, en
tanto que el berilio terrestre tiene cinco neutrones. El "berilio de las
gigantes rojas" es una versión levemente distinta. Es lo que en química se
llama un "isótopo".
Ahora
nos encontramos con la verdadera sorpresa. El isótopo berilio de la
"gigante roja" resulta ser increíblemente inestable. Los científicos
lo estudiaron durante años y descubrieron que una vez formado se descompone o
destruye en 0.000000000000001 segundo.
¿Cómo
es que este isótopo inestable de berilio, que se forma y desintegra en tan
corto tiempo, es capaz de unirse con un átomo de helio para convertirse en un átomo
de carbono? Es como intentar poner un tercer ladrillo sobre otros dos a los que
se los separa en 0.000000000000001 segundo --si es que se tiene la posibilidad
de colocar uno sobre el otro-- y hacer una construcción de esa manera. ¿Cómo
tiene lugar ese proceso en las gigantes rojas? Los físicos se rascaron la
cabeza durante decenios tratando de encontrar una respuesta, sin conseguirlo.
Finalmente el astrofísico norteamericano Edwin Salpeter encontró una pista para
este misterio en el concepto de "resonancia atómica".
Resonancia Y Doble Resonancia
La
resonancia es definida como la armonía de frecuencias (vibraciones) de dos
materiales distintos.
Un
ejemplo simple de la experiencia común nos dará una idea de lo que entienden
los físicos por "resonancia atómica". Imagínese que va a hamacar a un niño. El chico se sienta en la hamaca y usted le da un
envión para que comience a hamacarse. Para que se mantenga hamacando tiene que
seguir dando esos sucesivos enviones desde atrás a la hamaca. Pero la
regulación del tiempo que pasa entre envión y envión es importante. Cada vez
que la hamaca se le acerca tiene que volver a empujarla con la fuerza del caso
en el momento preciso, es decir, cuando la hamaca está en el punto más elevado
del lado que usted se encuentra. Si la empuja antes que llegue a ese punto, el
resultado es una sacudida o topetazo que altera la armonía o ritmo del
movimiento de la hamaca. Si la empuja después que pasó ese punto, se pierde el
esfuerzo porque la hamaca ya se está alejando de usted.
A esa
"armonía de frecuencias" los físicos la llaman
"resonancia". La hamaca tiene una frecuencia. Por ejemplo, llega
hasta donde está usted cada 1,7 segundos y entonces cada 1,7 segundos le da un
nuevo impulso con los brazos. Por supuesto, si quiere, puede cambiar la
frecuencia del movimiento de la hamaca, pero si lo hace también tiene que
cambiar la frecuencia del impulso, pues de lo contrario la hamaca no oscilará
correctamente33.
Así
como dos o más cuerpos en movimiento pueden resonar, la resonancia también
puede ocurrir cuando un cuerpo que se mueve causa la resonancia del otro. Este
tipo de resonancia es visto a menudo en los instrumentos musicales y es llamada
"resonancia acústica". Por ejemplo, puede ocurrir entre dos violines
sutilmente afinados. Si uno de esos violines es tocado en la misma sala en que
está el otro, la cuerda del segundo vibrará y producirá un sonido aunque nadie
lo esté tocando. Eso sucede porque ambos instrumentos han sido primorosamente
afinados a la misma frecuencia y la vibración de uno causa la vibración en el
otro34.
En
estos dos ejemplos dados, las resonancias son simples y es fácil seguirles la
pista. En física hay otras resonancias que no son nada fáciles de detectar. Y
en el caso de los núcleos atómicos las resonancias pueden ser bastante
complejas y delicadas.
Cada
núcleo atómico tiene un nivel de energía natural que los físicos han sido
capaces de identificar después de prolongados estudios. Esos niveles son
totalmente distintos uno del otro, pero se han observado unos contados ejemplos
de resonancia entre núcleos atómicos. Cuando sucede, existe armonía en el
movimiento de los núcleos, como en los ejemplos que dimos de la hamaca y los
violines. Lo importante en esto es que la resonancia da curso a reacciones nucleares
que pueden afectar a los núcleos35.
Al
investigar Edwin Salpeter cómo las gigantes rojas producían los átomos de
carbono, sugirió que debía haber una resonancia entre los núcleos del helio y
del berilio que facilitaba la reacción. Dijo que dicha resonancia favorecía la
transformación de los átomos de helio en berilio, cosa que podía explicar la
reacción en las gigantes rojas. Sin embargo, investigaciones ulteriores no
pudieron respaldar esta idea.
Fred
Hoyle fue el segundo astrónomo en ocuparse de ese tema. Avanzó un paso más en
la idea de Salpeter introduciendo el concepto de "resonancia doble".
Hoyle dijo que se tenían que producir dos resonancias. Una haría que dos átomos
de helio se fusionen y den lugar al berilio; la otra haría que el tercer átomo
de helio se una a la formación inestable. Nadie le creyó a Hoyle. La idea de
que sucediera una vez una resonancia así, tan precisa, ya era bastante difícil
de aceptar. Pero que pudiera ocurrir dos veces ya era directamente impensable.
Hoyle prosiguió sus investigaciones durante años y finalmente demostró que
estaba en lo cierto: realmente en las gigantes rojas tenía lugar una resonancia
doble. En el exacto momento en que dos átomos de helio resonaban en unión,
aparecía un átomo de berilio en la fracción de 0,000000000000001 de segundo,
tiempo que se necesitaba para producir carbono. George Greenstein descubre
porqué esta resonancia doble se trata de un mecanismo extraordinario: "En
esta historia hay tres estructuras (atómicas) totalmente separadas --helio,
berilio y carbono-- y dos resonancias totalmente disociadas. Es difícil
comprender porqué estos núcleos deberían operar de consuno tan fácilmente…
Otras reacciones nucleares no operan por medio de una notable cadena de
solución de continuidad tan favorable… Es como descubrir resonancias complejas
y profundas entre un auto, una bicicleta y un carro. ¿Por qué estructuras tan
dispares deberían acoplarse tan perfectamente?. De eso
depende nuestra existencia y la de todas las formas de vida del universo"36.
En los
años siguientes se descubrió que otros elementos, como el oxígeno, también se
formaban como resultado de esas resonancias asombrosas. Aunque Fred Hoyle es un
fervoroso materialista, el descubrimiento de dichas "operaciones
extraordinarias" lo forzó a admitir en su libro Galaxias, Núcleos y
Quasares que las resonancias dobles tenían que ser el resultado de un designio
y no de la casualidad37. En otro artículo escribió: "Si usted
quisiera producir carbono y oxígeno en cantidades aproximadamente iguales por
medio de la nucleosíntetesis estelar, hay dos niveles en los que tendría que
reparar; la atención habría que fijarla, precisamente, en dónde realmente se
encuentran esos niveles… Una interpretación de los hechos, con sentido común,
sugiere que un superintelecto se ha metido con la física, como así también con
la química y la biología, y que ninguna fuerza ciega importante se expresa en
la naturaleza. Me parece que los números que se obtienen de los cálculos de las
realidades son tan arrolladores, aplastantes, como para llegar a la inferencia
mencionada de manera indiscutible"38.
Hoyle
declaró que la conclusión ineludible de esta franca verdad no le debería pasar
inadvertida a otros científicos.
"Creo
que todo científico que examine las evidencias no dejará de inferir que las
leyes de la física nuclear han sido deliberadamente diseñadas, proyectadas, en
lo tocante a las consecuencias resultantes al interior de las estrellas"39.
Esta
verdad desnuda fue expresada en el Corán hace mil cuatrocientos años. Dios
señala la armonía en la creación de los cielos en el versículo que dice:
¿No
habéis visto cómo ha creado Dios siete cielos superpuestos… (Coran. 71:15)
Un Laboratorio De Alquimia Más Reducido: El Sol
La
conversión del helio en carbono descrita antes, es la alquimia de las gigantes
rojas. En estrellas más pequeñas como nuestro sol, tiene lugar un tipo más
simple de alquimia. El sol convierte al hidrógeno en helio y esta reacción es
la fuente de energía.
Las
existencia de esa reacción no es para nosotros menos esencial que la que se
produce en las gigantes rojas. Además, la reacción nuclear del sol es también
un proceso concebido, como el que ocurre en las gigantes rojas.
El
hidrógeno, el elemento consumido en esta reacción, es el más simple en el
universo porque su núcleo consiste de un solo protón. En el núcleo del helio
hay dos protones y dos neutrones. El proceso que tiene lugar en el sol es la
fusión de cuatro átomos de hidrógeno para convertirse en uno de helio.
Durante
ese proceso es liberada una gran cantidad de energía. Casi toda la energía
térmica y luminosa que llega a la Tierra es producto de esa reacción nuclear
solar.
Al
igual que las reacciones que tienen lugar en las gigantes rojas, esta reacción
nuclear solar implica una serie de aspectos inesperados, sin los cuales no se
produciría. No se pueden presionar cuatro átomos de hidrógeno y convertirlo en
uno de helio de manera sencilla. Para conseguirlo, se requiere un proceso de
dos pasos, similar al que tiene lugar en las gigantes rojas. En el primer paso,
dos átomos de hidrógeno se combinan para formar un núcleo intermedio llamado
deuterión y que consiste de un protón y un neutrón.
¿Qué
fuerza podría ser suficientemente grande para producir un deuterión uniendo por
medio de la presión dos núcleos? Esa fuerza es "la fuerza nuclear
fuerte", una de las cuatro fuerzas fundamentales de las que hablamos
antes. Se trata de la fuerza física más poderosa del universo, la que es
billones de billones de billones de billones de veces más fuerte que la gravitatoria.
Solamente dicha fuerza puede producir la unión de los dos núcleos mencionados.
Pero
lo realmente curioso de todo esto es que las
investigaciones muestran que la fuerza nuclear fuerte, a pesar de su fortaleza,
apenas alcanza para hacer lo que hace. Si fuese levemente más débil no sería
capaz de producir la unión de los dos núcleos. Por el contrario, dos protones
que se acercasen uno otro se repelerían inmediatamente, con lo que la reacción
en el sol se vería frustrada incluso antes de iniciarse. En otras palabras, el
sol no existiría como una estrella radiante de energía. Respecto a esto, dice
George Greenstein: "Si la fuerza fuerte hubiera sido levemente menor,
nunca se habría encendido la luz del mundo"40.
Pero,
¿qué hubiera sucedido si la fuerza nuclear fuerte era más fuerte? Para
responder a esto tenemos que ver primero de un modo algo más detallado el
proceso por el que dos átomos de hidrógeno se convierten en un deuterión. En
primer lugar, uno de los protones es despojado de su carga eléctrica y se convierte
en un neutrón, proceso que se logra con la "fuerza nuclear débil". Al
unirse ese neutrón a un protón forman un deuterión. La fuerza que causa esta
unificación es la "fuerza nuclear fuerte". La "fuerza nuclear
débil" lo es sólo comparativamente, y le lleva diez minutos realizar la
conversión. A nivel atómico se trata de un tiempo inmensamente prolongado y
tiene el efecto de disminuir la velocidad de la reacción que tiene lugar en el
sol.
Volvamos ahora a nuestra pregunta. ¿Qué
sucedería si la fuerza nuclear fuerte fuese más potente? La respuesta es que la
transformación en el sol cambiaría dramáticamente porque la fuerza nuclear
débil sería eliminada de la reacción.
Si la
fuerza nuclear fuerte fuese algo más potente de lo que es, podría fusionar dos
protones inmediatamente, sin tener que esperar diez minutos para que un protón
se convierta en un neutrón. Como resultado de esa reacción, habría un núcleo
con dos protones en vez de un deuterión. A un núcleo así los científicos lo
llaman "di-protón". Se trata de una partícula teórica cuya formación
de modo natural nunca se ha observado. Pero si la fuerza nuclear fuerte fuese
mucho más potente de lo que es, entonces en el sol habría di-protones reales.
¿Y entonces qué? Sucederá que por medio de acabar con la conversión de protón a
neutrón, estaríamos eliminando la "válvula reductora" que mantiene al
"motor" del sol operando tan lentamente como lo hace. George
Greenstein explica cuál sería el resultado de ello: "El sol cambiaría
porque la primera etapa en la formación del helio ya no sería la formación del
deuterión sino la formación del di-protón. Y esta reacción no involucraría para
nada la transformación de un protón en un neutrón. Se eliminaría el papel de la
fuerza nuclear débil y solamente estaría implicada la fuerza nuclear fuerte…. y
como resultado el combustible del sol se convertiría repentinamente en muy
bueno. Pasaría a ser tan potente, tan forzosamente reactivo, que el sol y todas
las estrellas similares explotarían"41.
La
explosión del sol causaría que el mundo y todo lo que hay en él estalle en
llamas, transformando a nuestro planeta azul en otro quemado en unos pocos
segundo. Debido a que la fuerza nuclear fuerte está tan precisamente
conformada, calibrada, para no ser mayor ni menor que lo que es, la reacción
nuclear del sol se produce al nivel que permite que la estrella radie luz y
energía durante miles de millones de años. Ese ajuste preciso es lo que permite
que viva el género humano. Si en este arreglo o disposición hubiese la más leve
desviación, las estrellas (incluido nuestro sol) no existirían, o de existir,
explotarían en un tiempo muy breve.
En
otras palabras, la estructura del sol no es accidental ni involuntaria. Todo lo
contrario: Dios creó el sol para que la gente viva, como expresa el versículo:
"El sol y la luna siguen cursos (exactamente)
computados". (Coran. 55:5)
Protones Y Electrones
Hasta
ahora hemos examinado cuestiones concernientes a las fuerzas que afectan los
núcleos atómicos. Pero en el átomo hay otro equilibrio importante que debemos
considerar: el equilibrio entre el núcleo y los electrones.
Dicho
en los términos más simples, los electrones giran alrededor del núcleo. Los
electrones tienen carga negativa y los protones positiva. Como cargas opuestas
se atraen, los electrones del átomo son arrastrados hacia el núcleo. Pero los
electrones se mueven también a una velocidad enorme, cosa que, bajo condiciones
normales, provocaría que se alejen del núcleo. Ambas fuerzas (centrípeta y
centrífuga) están equilibradas, de modo que los electrones se mueven en sus
órbitas alrededor del núcleo.
Los
átomos también están equilibrados en término de sus cargas eléctricas: el
número de electrones que orbitan es el mismo de protones en el núcleo. (Por
ejemplo, el oxígeno tiene ocho protones y ocho electrones). De esta manera la fuerza eléctrica de
un átomo se equilibra y el átomo es eléctricamente neutro.
Hasta
ahora estamos hablando de física básica. Sin embargo, en esta estructura
aparentemente simple hay algo muy importante que muchos pasan por alto. Un
protón es bastante más grande que un electrón en tamaño y en peso. Si un
electrón fuese de la medida de una nuez, un protón sería del tamaño de un ser
humano. Físicamente son totalmente distintos.
¡Pero
tienen la misma carga eléctrica!
Aunque
esas cargas son opuestas (el electrón negativa, el protón positiva), son
iguales en su intensidad. No existe ninguna razón obvia para que esto sea así.
Conceptual (y "lógicamente") un electrón debería llevar una carga
mucho más pequeña porque es mucho más chico.
Pero
si esto fuese cierto, ¿qué sucedería?
Lo que
sucedería es que cada átomo en el universo estaría cargado positivamente en vez
de ser eléctricamente neutro. Y como cargas iguales se repelen, cada átomo del
universo repelería a todo otro átomo. La materia, como la conocemos, no podría
existir.
¿Qué
sucedería si eso se vuelve real? ¿Qué sucedería si cada átomo empieza a repeler
a otro?
Sucederían
cosas absolutamente extraordinarias. Empecemos con los cambios que ocurrirían
en nuestros cuerpos. Las manos y brazos que sostienen este libro, se romperían
al instante. Y no sólo las manos y brazos sino todo el cuerpo: las piernas, los
ojos, los dientes. Todas las partes del cuerpo explotarían en un santiamén.
La
sala donde está sentado y el mundo que lo rodea se desplomarían de inmediato.
Todos los mares, las montañas, los planetas en el sistema solar y todas las
estrellas y galaxias del universo se harían añicos y pasarían a formar un polvo
cósmico. Y nunca volvería a haber nada en el universo para observar, pues éste
se convertiría en una masa de átomos desorganizados empujándose entre sí.
¿Cuánta
debería ser la diferencia de las cargas eléctricas entre protones y electrones
para que suceda eso tan espantoso? ¿Del uno por ciento? ¿Del uno por mil? George
Greenstein trata esta cuestión en El Universo Simbiótico: "Cosas pequeñas,
como piedras, personas y otras, estallarían si las dos cargas difiriesen tan
sólo en 1/1011. Estructuras más grandes, como la Tierra y el Sol,
requieren para su existencia un equilibrio aún más perfecto que el de 1/1018"
42.
Aquí
nos encontramos con otro ajuste primoroso que prueba que el universo está
creado y diseñado con una intención, un propósito particular. Como sostiene
John D. Barrow y Frank J. Tipler en su libro El Principio Cosmológico
Antrópico, "hay un gran designio en el universo que favorece el desarrollo
de la vida inteligente"43.
Por
supuesto, todo diseño prueba la existencia de un "diseñador"
consciente. Éste es únicamente Dios, "el Señor de todos los mundos",
descrito en el Corán como la única Autoridad, Quien creó el universo de la nada
y lo diseñó y moldeó como El deseó. Dice el Corán:
"
…El edificó el cielo. Alzó su bóveda y le dio forma armoniosa. " (Coran.
79:27-28)
Gracias
a los equilibrios extraordinarios que hemos visto en ese capítulo, la materia
puede permanecer estable. Y esa estabilidad es la evidencia de la perfección de
la creación de Dios, como se revela en el Corán:
" Suyos
son quienes están en los cielos y en la tierra. Todos Le obedecen. "
(Coran. 30:26)