El Profeta Muhammad
KAREEM Y SU ABUELO HASSAN | KAREEM Y SU ABUELO HASSAN |
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“El aire es tan increíble”, dijo respirando profundamente. “Hoy llenaremos nuestros pulmones de aire puro. Me gustaría que el de la ciudad también fuese así.” “Eso sería un poco difícil, Kareem”, dijo su abuelo, “por culpa del humo de los coches, el de las chimeneas (especialmente durante el invierno) y la escasez de árboles y plantas, que hacen que el aire de la ciudad no esté limpio.” Kareem meditó un momento: “Comprendo lo del humo, pero no entiendo muy bien qué tienen que ver las plantas. Los árboles están hechos para dar frutos y hacer que la ciudad sea un poco más bonita, ¿no?”
“Sí, por favor, abuelo. ¡Soy todo oídos!”, exclamó Kareem. El abuelo Hassan respiró profundamente y comenzó: “Las plantas respiran gracias a un proceso llamado fotosíntesis.” LA FOTOSÍNTESIS. “¿Qué es la fotosíntesis?”, interrumpió Kareem. “Intentaré explicártelo”, le dijo su abuelo, “pero no va a ser fácil porque es algo muy complicado. Incluso los científicos están aún intentando comprender todo el proceso.”
Kareem se detuvo a pensar un momento: “Entonces las plantas sobreviven gracias a un proceso que los científicos aún están intentando comprender. Cuando mencionas la palabra “proceso”, me imagino formulas y cálculos matemáticos. Incluso a nosotros nos resulta difícil a veces aprender matemáticas pero, las plantas, que no tienen ni mente ni cuerpo, pueden hacerlo. ¡Es un milagro!”
“Entonces, ¿qué hacen las hojas?”, preguntó Kareem.
“Es Dios Nuestro Señor, Kareem, quien ha concebido y diseñado este maravilloso sistema”, le recordó el abuelo Hassan a su nieto. “Con el permiso de Dios, cada hoja que existe en el mundo cuenta con él. No lo olvides.” Mientras escuchaba a su abuelo, Kareem se fijó en un árbol muy grande y se le ocurrió que los árboles podían tener un problema y cómo podrían vivir si no lo solucionaban. Inmediatamente preguntó a su abuelo: “Abuelo, los árboles son muy altos, ¿cómo elevan el agua y la comida desde el suelo? ¡Fíjate en ése! ¡Es tan grande! Y, sin embargo, las hojas de su copa son verdes.” El abuelo asintió: “¿No te acuerdas? Hace poco comparábamos las hojas con una fábrica. Volvamos a utilizar esta comparación. Piensa en una tubería cubierta de una especie de telaraña; lo que hace es asegurarse de que las materias primas alcanzan las unidades de producción y de que el producto que se obtiene de ellas se distribuye, gracias al líquido almibarado que se produce en las hojas, a otras áreas para que todo el árbol se alimente. Estos canales no sólo sirven para transportar dicho fluido vital, sino que son también el esqueleto de los árboles y sus hojas. En un edificio construido por personas, los elementos que las mantienen en pie (los clavos y las vigas) y el sistema de conducción del agua se construyen por separado. Resulta un milagro que, en el caso de las plantas, estas dos cosas ocurran al mismo tiempo.
“Los científicos lo llaman reloj biológico”, le explicó. “Son relojes que ajustan el tiempo para que las plantas calculen durante cuánto tiempo les da el sol a las hojas y lo calculan de manera diferente para cada planta. Por ejemplo, como consecuencia de los experimentos hechos en las semillas de soja, sabemos que estas plantas florecen cada año a la misma vez, no importa dónde estén plantadas. Ciertamente, es Dios Todopoderoso quien hace estos ajustes en las plantas.” El abuelo Hassan y su nieto se pararon al lado de un huerto que había a la orilla de la carretera. Después de pedir permiso al dueño, cogieron algunas ciruelas, las lavaron y comieron. Estaban deliciosas. El abuelo dijo: “¿Sabías, Kareem, que la energía que nos dan las plantas en realidad proviene del sol?”
El abuelo Hassan sonrió: “Nos estamos comiendo el sol, pero indirectamente. Todo el mundo sabe que la principal fuente de energía de la Tierra es el Sol. Pero ni los seres humanos ni los animales la usamos directamente porque no contamos con los sistemas apropiados para ello. ¿Sabes cómo la utilizamos? Ambos, personas y animales, nos servimos de los nutrientes que producen las plantas. Nuestra energía es en realidad la que nos da el sol a través de las plantas. Por ejemplo, cuando tomamos té, lo que estamos haciendo es beber la energía del sol; cuando masticamos un pedazo de pan, lo que tenemos en la boca es un trozo de energía solar. La fuerza de nuestros músculos es una variación de dicha energía. Gracias a ella puedes correr y jugar. ¿Cómo consiguen las plantas transformarla? Llevan a cabo complicadas operaciones para almacenarla y ofrecérnosla. Lo que permite que las plantas produzcan su propia comida y las diferencia de otros seres vivos es que sus células son distintas de las de las personas y los animales; estas células tienen estructuras que les permiten usar directamente la energía proveniente del sol. Con la ayuda de dichas estructuras transforman la energía solar de manera que personas y animales la pueden usar como comida y almacenan esta energía en forma de comida a través de una fórmula secreta especial.”
El abuelo Hassan asintió: “Por tanto, debemos pensar en todo esto y dar gracias a Nuestro Señor por habernos otorgado tantas bendiciones. Dios nos dice en el Corán que deberíamos darle las gracias:
La materia favorita de Kareem era Ciencias. De repente, se acordó de un experimento que hicieron en la escuela. Se volvió a su abuelo y le dijo: “Abuelo, un día hicimos un experimento en la escuela. Nuestro profesor nos mandó unos deberes: pusimos una habichuela dentro de un trozo de algodón, la colocamos en un lugar soleado y la regamos durante unos cuantos días. ¡Adivina lo que pasó!” El abuelo Hassan sonrió de nuevo: “Las habichuelas brotaron, ¿verdad? Pensemos en esto, que demuestra un hecho natural muy básico que, en realidad, es un milagro. Has visto cómo un mago saca un conejo de un sombrero vacío, ¿verdad? Bueno, algo parecido ocurre con la habichuela que brota dentro de un trozo de algodón o bajo tierra. En un espectáculo de magia nuestros ojos nos engañan, pero una planta que sale de una semilla diminuta no es un engaño. Con milagros como este Nuestro Señor, el Conocedor, crea plantas a partir de minúsculas semillas y nos demuestra que ningún ser vivo existe por casualidad. Los que afirman esto último se engañan a ellos mismos, ¿verdad, Kareem?”
“Sí, abuelo”, asintió Kareem muy contento. El abuelo Hassan continuó hablando: “Una parte de la planta que brota de la semilla baja a tierra y la otra crece hacia arriba. El suelo está bastante duro y es compacto, además, resulta muy difícil crecer en ambas direcciones. Estos pequeños brotes no tienen ni inteligencia ni conciencia como nosotros, por lo que resulta un verdadero milagro que logren algo así.” “¡Piensa en lo que ocurriría si plantásemos una semilla en el suelo y no brotase!”, exclamó Kareem. “Entonces todos tendríamos graves problemas para encontrar comida con la que alimentarnos. Y si humanos y animales no pudiesen encontrar nada para comer, morirían lentamente.” El abuelo Hassan asintió con la cabeza: “Dios nos advierte de ello en el Corán, Kareem:
Conforme caminaba, Kareem reflexionó sobre lo que su abuelo le había contado. Le dijo lo que estaba pensando: “Las plantas son muy importantes para nuestra supervivencia, abuelo: limpian el aire que respiramos, nos alimentan y nos dan energía, nos proporcionan frutas y verduras deliciosas y embellecen los lugares en los que se encuentran. ¡Fíjate: mira cuántos árboles, flores, frutos y granos diferentes hay!”
“Te has olvidado de otra bendición”, dijo su abuelo. “Proviene de las plantas y Dios nos habla de ella en el Corán:
“Es cierto, ¿cómo he podido olvidarlo?”, se dijo Kareem. “Quemamos la madera que obtenemos de los árboles para calentarnos. La materia prima para los libros, cuadernos, periódicos y toda clase de papel tiene su origen en los árboles; así como las cerillas con las que encendemos el fuego, los sillones en los que nos sentamos, los pupitres, las puertas, las ventanas…”
El abuelo Hassan estuvo enteramente de acuerdo: “Aparte de la utilidad de las plantas, éstas también tienen otra peculiaridad. Una vid que crece en América Central y del Sur atrae y proporciona la comida ideal para las orugas negras y verdes y para las mariposas rojas. Estos insectos ponen sus huevos en la vid de manera que, cuando eclosionan, tienen esta deliciosa comida para alimentarse. Pero lo importante es que, antes de poner sus huevos en la vid, las mariposas comprueban las hojas. Si otro insecto ha colocado allí sus huevos, se dan cuenta de que sería difícil que dos familias se alimentasen de las hojas de la misma planta, así que van en busca de otra. Esta vid desarrolla ampollas verdes en la superficie de sus hojas y, algunas variedades, manchas que se asemejan a los huevos de las mariposas bajo sus hojas, en el punto en el que se unen al tallo. Cuando las orugas y las mariposas las ven, creen que otro insecto ha puesto sus huevos allí, así que van en busca de otra planta.” “¡Qué gran sistema defensivo!”, exclamó Kareem impresionado. Sí, Kareem”, concluyó el abuelo Hassan. “Es Dios con Su suprema sabiduría quien ha enseñado a esta planta cómo protegerse. Nunca lo olvides, ¿de acuerdo?” |
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