Nuestras Creencias
EL ABUELO UTHMAN Y SU NIETO | EL ABUELO UTHMAN Y SU NIETO |
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“Abuelo”, le dijo. “Quiero preguntarte algo.” “¿Qué, Idrees?”, replicó el abuelo Uthman. “Abuelo, en el autobús, una mujer le estaba contando a su amiga lo importante que es tener paciencia y cómo debería ser según la describe el Corán. ¿Puedes explicarme lo que quería decir, abuelo?” El abuelo Uthman asintió: “La mayoría de la gente desconoce el verdadero significado de la paciencia o cómo debería comportarse una persona paciente. Algunos piensan que simplemente se trata de enfrentarse a las dificultades y frustraciones de la vida aguantándolas. Pero Dios nos enseña en el Corán que la verdadera paciencia es muy diferente a soportar algo.” Idrees le hizo otra pregunta: “Entonces, abuelo, ¿cuál es la verdadera paciencia, según el Corán?” “Sabes, Idrees”, respondió el abuelo, “la manera de ganarse el favor, amor y agrado de Dios consiste en obedecer Sus leyes y mandatos según el Corán. Dios quiere que Sus siervos practiquen la moral del Corán hasta el fin de sus vidas. El secreto que les permite cumplir dichas leyes y mandatos, pase lo que pase, subyace en la paciencia que da la fe. Una persona que conoce el verdadero significado de la paciencia puede comportarse de la manera que Dios desea y rezar sus oraciones puntualmente. Una persona que tiene fe sabe que la sabiduría de Dios está en cualquier parte, que nada ocurre sin su consentimiento y que, detrás de cada suceso, yace un propósito, y todas las incontables cosas buenas que ha creado.” “En ese caso, uno no debería preocuparse por las cosas que le pasen, sino que siempre debería ser paciente”, dijo Idrees.
“En ese caso, no se puede agotar la paciencia de un creyente”, exclamó Idrees entusiasmado. “Ahora comprendo lo que dijo la mujer del autobús.” El abuelo Uthman respondió: “Sí, hijo mío. Los humanos tenemos paciencia porque es un mandato de Dios y nunca debemos colocarnos en una situación en que la perdamos. Durante toda nuestra vida llevaremos a cabo este acto de adoración con gran contento y fervor.” “Gracias, abuelo”, dijo Idrees. “Ahora comprendo que la paciencia es muy importante y, si Dios lo quiere, ésta puede ser infinita.” |
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