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EL ISLAM EN LÍNEA

Saturday
Sep 06th
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FARUQ Y LAS TERMITAS PDF Imprimir

 

Era un soleado día de domingo. Faruq había ido de excursión al bosque con su clase. Él y sus amigos se pusieron a jugar al escondite. De repente, Faruq oyó una voz que decía: “¡Cuidado!”. Miró a derecha e izquierda, sin saber de dónde venía dicha voz, pero no vio a nadie.

Un poco más tarde, volvió a escuchar la misma voz. Esta vez dijo: “¡Estoy aquí abajo!”.

Faruq se dio cuenta de que, justo al lado de su pie, había un insecto parecido a una hormiga.

“¿Quién eres?”, le preguntó.

 

 

“Soy una termita”, contestó la minúscula criatura.

“Nunca he oído hablar de un animal llamado termita”, dijo Faruq pensativo. “¿Vives sola?”

“No”, respondió el insecto. “Vivimos en grandes grupos dentro de nidos. Si quieres, re mostraré uno.”

Faruq estuvo de acuerdo, así que marcharon. Cuando llegaron, lo que la termita le enseñó a Faruq era algo parecido a un edificio alto con ventanas.

“¿Qué es esto?”, quiso saber Faruq.

“Es nuestra casa”, le explicó la termita. “La construimos nosotras mismas.”

“¡Pero sois tan pequeñas…!”, objetó Faruq. “Si tus amigas tienen tu misma talla, ¿cómo podéis hacer algo tan grande como esto?”

La termita sonrió. “Tienes razón al sorprenderte, Faruq, porque es realmente sorprendente que criaturas tan pequeñas como nosotras podamos construir lugares como éste. Pero no olvides que esto es algo fácil para Dios, que nos creó a todos.”

“Aún más, aparte de ser muy altas, nuestras casas tienen otras peculiaridades. Por ejemplo, tenemos habitaciones especiales para los niños, lugares para cultivar el moho, y la habitación de la reina. Y no olvides el sistema de ventilación. Gracias a él, equilibramos la humedad y la temperatura del interior. Y, antes de que se me olvide, déjame decirte algo más: ¡somos ciegas!”

Faruq estaba atónito: “A pesar de ser tan pequeñas y de que apenas podéis ver, construís casas como los edificios que hacen las personas. ¿Cómo es posible?”

La termita sonrió de nuevo: “Como te dije antes, es Dios quien nos proporciona este extraordinario talento. Nos creó de tal manera que podemos hacer todas estas cosas. Pero ahora debo regresar a casa y ayudar a mis amigas.”

Faruq lo comprendió: “Muy bien, ahora mismo voy a ir a contarles a mi profesor y a mis compañeros lo que he aprendido de vosotras.”

“Buena idea, Faruq”, dijo la termita despidiéndose. “Cuídate. Espero volver a verte.”

ASAD Y LAS MARIPOSAS DE COLORES.

El fin de semana, Asad fue a visitar a su abuelo. Los dos días pasaron muy deprisa y, antes de que se diera cuenta, su padre llegó para llevarlo de vuelta a casa. Asad le dijo adiós a su abuelo y fue hacia el coche. Se puso a mirar por la ventanilla mientras esperaba a que su padre metiese las cosas en el maletero. Una mariposa que estaba posada en una flor cercana batió sus alas y voló hacia la ventanilla.

“¿Vas a casa, Asad?”, preguntó la mariposa con su vocecita.

Asad estaba atónito: “¿Me conoces?”, le preguntó.

“Desde luego”, sonrió la mariposa. “He oído a tu abuelo hablar a los vecinos de ti.”

“¿Por qué no has venido a verme antes?”, le preguntó Asad.

“No podía, porque sólo era una crisálida en lo alto de un árbol del jardín”, le explicó la mariposa.

“¿Una crisálida? ¿Qué es eso?”, preguntó Asad, que siempre había sido un niño muy curioso.

“Déjame que te lo explique desde el principio”, dijo la mariposa tomando aliento. “Nosotras, las mariposas, eclosionamos del huevo como minúsculas larvas y luego pasamos a ser orugas. Nos alimentamos mordisqueando hojas. Luego, utilizamos un líquido que sale de nuestros cuerpos como si fuese un hilo y nos envolvemos en él. Ese pequeño envoltorio que tejemos se llama crisálida. Pasamos un tiempo dentro de él hasta que crecemos. Cuando nos despertamos y salimos fuera tenemos unas alas de colores brillantes. Pasamos el resto de nuestra vida volando y alimentándonos de las flores.”

Asad asintió pensativo: “¿Quieres decir que todas esas mariposas de colores fueron crisálidas antes de que les salieran alas?”

“¿Ves a la oruga de esa rama?”, preguntó la mariposa.

“Sí, la veo. Está devorando las hojas. Tiene mucha hambre.”

“Es mi hermana pequeña”, sonrió la mariposa. “Dentro de poco se convertirá en crisálida y, un día, será una mariposa como yo.”

Asad tenía muchas preguntas que hacerle a su nueva amiga. “¿Cómo planificas este cambio? Me explico: cuando sales del huevo, ¿cuánto tiempo eres crisálida y cómo fabricas el hilo para hacer el saco que te envuelve?”

“Yo no planifico nada”, explicó la mariposa con paciencia. “Dios nos ha enseñado lo que necesitamos hacer cuando lo precisamos. Sólo actuamos según los deseos de nuestro Señor.”

Asad estaba realmente impresionado. “Los diseños de vuestras alas son maravillosos. Y en todas las mariposas son diferentes, ¿verdad? ¡Son verdaderamente coloridas y llamativas!”

“Eso es una prueba del arte incomparable de Dios. Nos creó una a una de la forma más bella imaginable”, le explicó su amiga.

Asad asintió con entusiasmo: “Resulta imposible no fijarse en las cosas hermosas que Dios ha creado. ¡Hay cientos de ejemplos a nuestro alrededor!”

La mariposa asintió: “Tienes razón, Asad. Necesitamos dar gracias a Dios por todas estas bendiciones.”

Asad miró por encima de su hombro: “Ya viene mi padre. Me parece que nos marchamos. Encantado de conocerte. ¿Podemos charlar otra vez cuado vuelva la semana que viene?”

“Desde luego”, asintió la mariposa. “Que tengas buen viaje de regreso a casa.”

“Todo cuanto hay en los cielos y en la tierra proclama la infinita gloria de Dios” ( Sura 57:1 El hierro.)

“¿No ves que Dios hace caer el agua del cielo, y hacemos brotar mediante ella frutos de gran variedad de colores –igual que en las montañas hay vetas blancas y rojas de diversas tonalidades, y [otras] de un negro intenso, y [cómo] entre los hombres, los animales y el ganado existe también gran variedad de colores? De todos Sus siervos, sólo quienes están dotados de conocimiento [innato] temen [realmente] a Dios: [pues sólo ellos comprenden que,] en verdad, Dios es todopoderoso, indulgente.” ( Sura 35:27-8 El originador.)

EL PÁJARO CARPINTERO E IRFAN.

Un domingo, Irfan fue de paseo al bosque con su padre. Mientras paseaban, pensaba en lo hermosos que eran los árboles y la naturaleza. Su padre se encontró con un amigo y, mientras los mayores hablaban, Irfan oyó un ruido: Tap, tap, tap, tap, tap, tap…

El sonido provenía de un árbol. Irfan se acercó al pájaro que hacía ese ruido y le preguntó: “¿Por qué golpeas el árbol con tu pico de esa manera?”

El pájaro dejó lo que estaba haciendo y se volvió para mirar a Irfan. “Soy un pájaro carpintero”, respondió. “Hacemos agujeros en los árboles y construimos nuestros nidos en ellos. A veces almacenamos comida. Éste es el primer agujero que he hecho, aunque haré cientos como él.”

Irfan miró el agujero más detenidamente. “Bueno, pero ¿cómo almacenas la comida en un sitio tan pequeño?”, le preguntó.

“Los pájaros carpinteros nos alimentamos principalmente de bellotas, que son muy pequeñas”, le explicó. “Dentro de cada agujero que haga meteré una bellota. De este modo almacenaré suficiente comida.”

Irfan estaba asombrado: “Pero en vez de esforzarte haciendo muchos agujeros pequeños”, dijo, “podías hacer un agujero grande y meter allí toda la comida.”

El pájaro carpintero sonrió: “Si hiciese eso, otros pájaros podrían encontrar mi almacén y robar mis bellotas. Además, los agujeros que hago tienen dimensiones distintas, para introducir las bellotas de acuerdo a su tamaño. El tamaño de la bellota y el del agujero son idénticos. Así, la bellota encaja perfectamente dentro del agujero. Gracias a que Dios hizo mi pico para que pudiera volver a sacar las bellotas de los agujeros fácilmente, no tengo problemas en hacerlo; pero otros pájaros no pueden, así que mi comida está a salvo. Por supuesto, no tengo el juicio suficiente para elaborar este plan. Sólo soy un simple pájaro carpintero. Dios permite que haga estas cosas. Es Dios quien me enseña cómo esconder la comida, y quien creó mi pico de forma apropiada para poder hacerlo. En realidad, no se trata sólo de mí –todos los seres vivos son capaces de hacer este tipo de cosas porque Dios los enseñó.

Irfan estuvo de acuerdo: “Tienes razón. Gracias por contarme todo esto. Me has hecho recordar el gran poder de Dios.”

Irfan dijo adiós a su amiguito y volvió con su padre. Estaba muy contento porque, dondequiera que miraba, encontraba otro de los milagros de Dios..

 

JALAL Y LA GAVIOTA.

Cuando viajaba en ferry y hacía buen tiempo, lo que más le gustaba a Jalal era sentarse en cubierta; de este modo, veía el mar más de cerca y podía mirar a su alrededor con más facilidad. Un día Jalal se embarcó en el ferry con su madre. Enseguida, fue a sentarse en cubierta. Un grupo de gaviotas seguía al barco como si estuviesen echando una carrera. Las gaviotas hicieron una exhibición maravillosa, arremolinándose y girando en el aire, y disputándose los trozos de pan que les tiraban los viajeros.

Una de ellas se acercó planeando y aterrizó al lado de donde estaba sentado Jalal. “¿Te ha gustado nuestra exhibición de vuelo?”, le preguntó. “He observado que nos mirabas con mucha atención. ¿Cómo te llamas?”

“Me llamo Jalal. Sí, me ha gustado mucho. Me he fijado en que podéis permanecer en el aire sin batir las alas. ¿Cómo lo conseguís?”

La gaviota asintió con la cabeza: “Las gaviotas nos situamos según la dirección del viento. Incluso si éste es muy débil, las corrientes de aire ascendentes nos elevan. Utilizamos este movimiento y así podemos hacer largos viajes sin mover las alas.”

“Nos movemos hacia delante y hacia atrás en las masas de aire que se elevan del mar”, continuó. “Estas corrientes hacen que siempre haya aire bajo nuestras alas, lo que nos permite permanecer en él sin gastar demasiada energía.”

Jalal no estaba muy seguro de haberlo comprendido bien: “Os he visto en el cielo sin mover las alas, como si estuvieseis colgadas. ¿Y eso lo hacéis actuando según la dirección del viento? Lo entiendo pero, ¿cómo calculáis la fuerza y dirección del viento?”

“Resulta imposible que nosotras, con nuestro poco entendimiento, podamos hacer algo así”, empezó diciendo la gaviota. “Cuando Dios nos creó, nos enseñó cómo volar y cómo permanecer en el aire sin gastar energía. Son ejemplos que prueban la existencia de Dios y nos hacen comprender Su poder.”

Jalal pensó en otra pregunta: “Sí, permanecéis suspendidas en el cielo como si estuvieseis sujetas con una cuerda. Para hacer algo así necesitaríais saber matemáticas muy bien y ser capaces de hacer unos cálculos muy detallados. Sin embargo, es algo que hacéis sin problema desde el primer vuelo, ¿verdad?”

“Desde luego”, asintió la gaviota. “Nuestro Señor dio a cada ser vivo la inspiración que necesita. Todos hacemos lo que se nos ha dicho que hagamos. Nunca olvides que Dios todo lo abarca y que todo está bajo Su control. Él es el Señor de todas las cosas. En el Corán puedes encontrar muchos versículos que hablan de esto. El ferry se está acercando a tierra, y yo voy a reunirme con mis amigas. Hasta la vista.”

Jalal observo cómo su nueva amiga se alejaba volando, haciéndose cada vez más pequeña en la distancia.

Cuando llegó a casa, Jalal buscó en el Corán un versículo que hablara de que todo está bajo el control de Dios. Lo encontró en la sura Hud, y enseguida lo aprendió de memoria:

“Ciertamente, he puesto mi confianza en Dios, [que es] mi Sustentador y también vuestro Sustentador: porque no existe criatura viva a la que Él no tenga asida por el copete. ¡En verdad, el camino de mi Sustentador es recto!” ( Sura 11:56 Hud.)

“¿Es que esos [que niegan la verdad] no se han parado jamás a considerar a las aves, volando suspendidas [por Dios] en el aire, y que nadie excepto Dios las mantiene en vuelo? ¡Ciertamente, en esto hay en verdad mensajes para una gente dispuesta a creer!” ( Sura 16:79 La abeja.)

Queridos niños, ¿habéis oído hablar de un pájaro llamado megapode? Cuando tiene pollos que criar, es siempre el macho el que los cuida. Primero, la madre cava un gran agujero donde pone los huevos. Tras la puesta, el macho mantiene el nido a una temperatura de tres grados. Para medirla, entierra el pico en la arena que cubre el nido, usándolo como si fuera un termómetro. El pájaro repite la operación una y otra vez. Si sube la temperatura, inmediatamente hace agujeros para que entre el aire y baje. Su pico es tan sensible que, si alguien arrojara un puñado de tierra encima del nido y la temperatura subiera lo más mínimo, podría detectarlo. Nosotros sólo podemos medir la temperatura utilizando un termómetro y, sin embargo, los megapodes lo han estado haciendo durante cientos de años sin equivocarse.

Dios es quien se lo ha enseñado, quien les ha dotado de un pico capaz de tener la sensibilidad de un termómetro.

 
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