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EL ISLAM EN LÍNEA

Friday
Jul 04th
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KAMAL Y LA LUCIÉRNAGA PDF Imprimir

En las noches de verano, Kamal y su familia solían cenar en el jardín. Una vez, cuando ya estaban terminando, Kamal se fijó en una luz que se encendía y apagaba entre los árboles que rodeaban el jardín. Se acercó para ver qué pasaba y vio un insecto revoloteando. Sin embargo, era muy diferente de los que se ven por la mañana. Emitía luz mientras volaba.

El insecto dejó de volar por un instante y se acercó a Kamal. “Hola”, dijo. “Pareces muy sorprendido. Me has estado observando durante un largo rato. Soy una luciérnaga, ¿y tú quién eres?”

“Me llamo Kamal. Tienes razón, nunca he visto un insecto que emitiera luz como tú lo haces. De tu cuerpo salen rayos verde-amarillentos. Me acuerdo de una vez que toqué una bombilla y me quemé la mano. ¿No te hace daño la luz que sale de tu cuerpo?”

La luciérnaga dijo: “Estás en lo cierto cuando afirmas que las bombillas están muy calientes cuando dan luz. Es porque utilizan energía eléctrica para producirla, y parte de esta energía se convierte en calor. Esto hace que se calienten mucho. Pero la energía que nosotras usamos para dar luz no proviene de fuera de nuestro cuerpo.”

Kamal comprendió. “Entonces, ¿significa eso que no os calentáis?”, preguntó.

“Cierto”, asintió la luciérnaga. “Nosotras mismas producimos la energía y la utilizamos con sumo cuidado. Es decir, no malgastamos nada, y tampoco genera calor que nos dañaría.”

Kamal reflexionó un momento: “Es un sistema muy elaborado.”

“Sí que lo es”, afirmó su amiga. “Cuando Dios nos creó, planeó todo lo que necesitamos al detalle. Cuando volamos, batimos las alas muy rápidamente. Por supuesto, es un trabajo que requiere mucha energía, pero como nuestra luz no consume mucha, no tenemos problema.”

Kamal tenía algo más que preguntar: “¿Para qué usáis la luz que emitís?”

Su amiga le explicó: “La utilizamos tanto para comunicarnos entre nosotras como para defendernos. Cuando queremos decirnos algo, hacemos centellear nuestra luz. Otras veces, la usamos para asustar a nuestros enemigos y alejarlos.”

Kamal estaba muy impresionado con lo que su amiga le estaba contando: “Entonces, ¡todo lo que necesitáis está en el interior de vuestros cuerpos, y no tenéis necesidad de cansaros!”

“Eso es”, aseguró la luciérnaga. “A pesar de todos sus esfuerzos, los científicos han sido incapaces de desarrollar un sistema parecido al nuestro. Como te dije antes, Dios nos hizo de la manera más perfecta posible y del modo más adecuado para cubrir nuestras necesidades, como a todos los demás seres vivos.”

Kamal sonrió: “Gracias. Lo que me has contado es muy interesante. Ahora entiendo el versículo que leí ayer:

“¿Puede, acaso, compararse a quien crea con quien nada puede crear? ¿Es que no vais a recapacitar?” ( Sura 16:17 La abeja).

¡Cuando pensamos en todos los seres vivos que Dios ha creado y en nosotros mismos, hay muchos ejemplos a tener en cuenta!”

“Sí, Kamal, todo ser vivo es una prueba del superior arte creativo de Dios. Ahora, cuando veas algo, te darás cuenta. Bueno, debo irme, pero no olvides lo que hemos hablado.”

Kamal le dijo adiós a su amiga: “Encantado de conocerte. Espero volver a verte.”

De regreso a casa, reflexionando sobre el increíble diseño de la luciérnaga, Kamal estaba deseoso de contarle a su familia la conversación que tuvo con ella.

“¡Él es Dios, el Creador, el Hacedor que modela todas las formas y apariencias! ¡Suyos [en exclusiva] son los atributos de la perfección! ¡Todo cuanto hay en los cielos y en la tierra proclama Su infinita gloria: pues sólo Él es todopoderoso, realmente sabio!” ( Sura 59:24 La concentración.)

El Mar Rojo se encuentra entre dos desiertos. Ningún río ni corriente de agua dulce desemboca en él. Es decir, no hay transferencia ni de oxígeno ni de nitrógeno. Normalmente, este mar sería un árido desierto como las tierras que lo rodean y, sin embargo, en sus aguas viven corales de todas clases. A pesar de las difíciles condiciones existentes, los corales que allí sobreviven son capaces de hacerlo gracias a la simbiosis (el modo de vivir junto con otros seres vivos) que han establecido con otras criaturas parecidas a las plantas llamadas algas. Estas últimas se esconden de sus enemigos en los arrecifes de oral y utilizan la luz del sol para hacer la fotosíntesis. El armonioso estilo de vida de estas dos criaturas es otra prueba de la maravillosa creación de Dios.

AHMAD Y LA RANA VERDE.

Ahmad fue de pesca con su padre a un lago el fin de semana. Mientras éste preparaba las cañas, Ahmad le pidió permiso para echar un vistazo por los alrededores. Su padre se lo dio, con la condición de que no se alejara mucho.

Ahmad echó a andar entre los matorrales de la orilla. De repente, una rana saltó de entre los arbustos y aterrizó en una piedra justo delante de él.

“¡Casi me pisas!”, se quejó la rana.

“Lo siento”, dijo Ahmad. “Tienes el mismo color que las hojas, por eso no te he visto, ranita. Me llamo Ahmad y estoy dando un paseo.”

La rana sonrió: “Encantada de conocerte, Ahmad. Es normal que no me vieras. Vivo en estos arbustos y mi color es como el de las hojas; de esta manera, mis enemigos no me ven y me puedo esconder de ellos muy fácilmente.”

Ahmad reflexionó un poco: “Sí, pero, ¿qué pasa si te ven? ¿Qué haces?”

“Si te fijas atentamente”, dijo la rana levantando una pata, “verás unas membranas entre mis dedos. Cuando salto, los abro de modo que puedo planear en el aire. A veces puedo volar hasta 12 metros de un salto.”

“¿Y qué ocurre cuando quieres aterrizar?”, preguntó Ahmad.

“Uso mis patas cuando vuelo y utilizo mis membranas para frenar, como si fueran un paracaídas”, le explicó la rana.

“Eso es muy interesante”, dijo Ahmad pensativo. “Nunca se me hubiera ocurrido que las ranas pudiesen volar.”

La rana sonrió: “Algunas especies de ranas pueden tanto volar como nadar. Es un don que Dios nos concedió. Él también hizo nuestros colores para que nos camuflásemos en los lugares en que vivimos, lo que nos permite sobrevivir. Si Dios no nos hubiese creado así, pronto nos habrían matado otros animales.”

Ahmad lo entendió: Las membranas que hay entre vuestros dedos os son necesarias para dar largos saltos. Yo no tengo porque no las necesito. Las necesidades de cada criatura son diferentes, ¿no es cierto?”

“Sí, tienes razón lo has explicado muy bien.”

Ahmad dijo: “Dios nos creó de la mejor forma posible para hacer nuestra vida más fácil. Deberíamos estarle muy agradecidos por ello.”

“Tienes razón otra vez, Ahmad”, asintió su amiga. “Nuestro Señor ha creado a todos los seres vivos en consonancia con el ambiente en que viven. Nos dio todo lo que necesitamos desde el día en que nacimos.”

“Sí”, dijo Ahmad. “Ahora me tengo que ir, ranita, porque mi padre se estará preguntando qué me ha pasado. Me ha gustado mucho hablar contigo. Si vengo otro día, te haré una visita.”

“Estaré esperándote. Encantada de conocerte. Adiós, Ahmad”, croó la rana a la vez que saltaba de vuelta entre los arbustos y desaparecía.

LAS PATAS CON MEMBRANAS DE LAS RANAS.

Una de las criaturas más sorprendentes que Dios ha creado es un tipo de rana que vive en las selvas vírgenes. La peculiaridad más sobresaliente de esta pequeña rana, que tiene unas patas delgadas y membranas entre sus dedos, es que puede volar planeando. Cuando se lanza desde los árboles, utiliza sus patas como si fuesen paracaídas para amortiguar la caída. Al extender las membranas, dobla la superficie de su cuerpo. Las ranas voladoras pueden planear en el aire hasta 12 metros antes de aterrizar en un árbol. Pueden controlar la dirección moviendo las membranosas patas y cambiando la forma de las mismas.

HAMEED Y LA CIGÜEÑA DE PATAS LARGAS.

Hameed era un chico muy alegre e inteligente. Le interesaban mucho las aves y quería saberlo todo de ellas. A veces, cuidaba de algunos pájaros en casa, pero luego los dejaba ir. Le gustaba mucho su estilo de vida libre. Una mañana de primavera, Hameed se fijó en un grupo de aves de largas patas que volaban juntas y, rápidamente, subió a la terraza de su casa para verlas más de cerca. Cuando llegó, observó que dos de ellas se habían posado en la chimenea y se puso muy contento. Las saludó y les dijo:

“Hola. Soy Hameed. ¿Quiénes sois vosotras?”

“Hola, Hameed. Espero que no te causemos ningún problema por habernos posado aquí. Nos gustaría mucho hablar contigo y conocerte”, dijo una de ellas.

“De ningún modo”, dijo Hameed. “Me encantan las aves. ¿Me podéis contar algo de vosotras, por favor?”

“Desde luego”, dijo la primera. “Somos cigüeñas. Somos aves migratorias de grandes alas blancas como la nieve (que miden de metro a metro y medio) y largas colas negras. Lo que nos da una apariencia atractiva es el color rojo de nuestros picos y nuestras largas patas.”

Hameed asintió: “¡Sois hermosas de veras!”

“En lo que más se fija la gente es en nuestra forma de volar”, continuó la cigüeña. “Volamos con los picos extendidos hacia delante y las patas hacia atrás. Esto hace que vayamos mucho más rápido.”

Hameed sentía curiosidad: “¿Y hacia adónde os dirigís ahora?”

“Cada año emigramos en grandes grupos, porque no podemos vivir en lugares fríos. Con ello también llevamos la buena noticia a la gente de que el buen tiempo está al llegar. Durante el verano, vivimos en una extensa área que se extiende desde Europa al norte de África y desde Turquía a Japón. Cuando empieza a hacer frío, emigramos hacia el hemisferio sur, a las zonas tropicales de África y la India.”

Hameed estaba asombrado: “Pero, ¿cómo sabéis cuándo va a hacer frío?”

La cigüeña sonrió: “Es una buena pregunta. Por supuesto, la respuesta es que Dios nos ha enseñado. Todas, al unísono, sentimos la necesidad de ir hacia países más cálidos. Dios hace que sintamos esta necesidad. Es Él quien nos enseña a volar y, cuando vuelve el otoño, se asegura de que podamos regresar recorriendo una distancia de miles de kilómetros y de que encontremos de nuevo nuestros hogares. Es Dios, con su inspiración quien nos enseña todas estas cosas.”

“Resulta muy interesante que podáis viajar distancias tan largas y volver a encontrar vuestros viejos nidos sin equivocaros, como si utilizaseis una brújula”, dijo Hameed impresionado.

La cigüeña siguió diciendo: “Desde luego, esta prodigiosa memoria y sentido de la orientación son el resultado de la suprema creación de Dios, que nos dotó de ambos.”

Hameed tenía otra pregunta para su nueva amiga: “Vivís cerca de los seres humanos, ¿verdad?”

“Sí”, contestó su amiga. “Hacemos nuestros nidos en las partes elevadas de los edificios, árboles y chimeneas.”

La otra cigüeña se levantó y dijo: “Loo siento, Hameed, pero tenemos que retomar nuestro camino.”

Hameed observó cómo sus nuevas amigas se hacían más y más pequeñas conforme se alejaban volando.

“aunque no hay animal que camine sobre la tierra ni ave que vuele con sus dos alas, que no forme comunidades como vosotros: ningún detalle hemos descuidado en Nuestro decreto. Y una vez más: Ante su Sustentador serán [todos] congregados.” ( Sura 6:38 El ganado.)

NABEEL Y LA FOCA.

Un día, Nabeel se puso a ver la televisión al regresar a casa después del colegio. En una de las cadenas estaban dando un documental. A Nabeel le gustaba mucho ver documentales de animales que nunca había visto en vivo. Esta vez se trataba de un programa sobre focas. Nabeel se acomodó en su sillón y observó con atención.

De repente, sintió frío. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que estaba dentro de la televisión y, ¡justo a su lado, estaba la foca que acababa de ver en la pantalla!

“Hola”, le dijo a la foca tiritando un poco. “Aquí hace mucho frío, ¿no lo notas?”

“Debes ser nuevo”, respondió la foca. “Siempre hace frío. La temperatura más alta es de cinco grados bajo cero, incluso en primavera. A mí me gusta. A nosotras las focas nos encanta el frío. Nunca lo notamos. ¿Cómo? Gracias a nuestra piel, este maravilloso abrigo que Dios nos ha dado. Desde luego que la grasa de nuestros cuerpos también nos ayuda a protegernos.”

“¿Aquella de allí es tu madre?”. Nabeel señaló a una foca mucho más grande que se encontraba a cierta distancia. “Me parece que te está buscando. Llámala y dile dónde estás, si quieres.”

La foca siguió hablando: “Vivimos en grandes grupos, y nos parecemos mucho unas a otras, pero nuestras madres nunca nos confunden. Es un don que Dios les ha otorgado. Tan pronto como nace el cachorro, su madre le da un beso de bienvenida. Gracias a ese beso, reconoce su olor y nunca lo confunde con otro. Éste es uno de los incontables dones que Dios nos ha concedido. Le estamos agradecidas porque dio a nuestras madres la capacidad de reconocernos entre la multitud en que vivimos.”

Nabeel quería preguntar algo más: “Recuerdo haber leído que pasáis la mayor parte del tiempo en el agua. ¿Cómo aprendiste a nadar?”

Su nueva amiga se lo explicó: “Dios nos creó a todos de acuerdo con las condiciones en que vivimos y nos adaptó a ellas. Así como creó al camello según las condiciones del desierto, nos creó a nosotras para soportar este frío. Es la voluntad de Dios que cuando nacemos tengamos una capa de grasa que se llama “óleo infantil”. Nuestros pequeños cuerpos están calentitos gracias a ella y, como esta capa es más ligera que el agua, actúa como un salvavidas cuando nuestras madres nos enseñan a nadar. A las dos semanas, ya somos grandes nadadoras y buceadoras.”

“Entonces, Dios os dotó de un salvavidas especial situado dentro de vuestros cuerpos para que podáis aprender a nadar. ¡Es maravilloso!”

“Cierto”, dijo la foca. “Cada ser vivo que ha creado con tal perfección es una prueba de que Dios tiene poder sobre todo.”

Justo en ese momento, un beso en la mejilla despertó a Nabeel. Era su madre. El documental aún no se había terminado. Nabeel recordó el sueño que había tenido y sonrió a la pequeña foca que aparecía en la pantalla.

“y si intentarais contar las bendiciones de Dios, no podríais enumerarlas.” ( Sura 14:34 Abraham.)

“Y entre Sus signos está la [propia] creación de los cielos y la tierra, y de todas las criaturas vivas…” ( Sura 42:29 La consulta.)

LAS RESISTENTES FOCAS.

 

Las aguas del océano son muy frías, especialmente en las profundidades. Por este motivo, Dios creó a las focas, que viven en agua fría, con una gruesa capa de grasa bajo su piel que evita que pierdan el calor corporal con facilidad. Otro dato interesante sobre las focas es que las hembras producen la leche más rica y nutritiva de toda la naturaleza. Esta leche hace que los cachorros que crecen bajo condiciones muy difíciles lo hagan rápidamente.

 
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