ISLAM
REFLEXIONES
Ejemplos en el Corán del Engaño del Mundo | Ejemplos en el Corán del Engaño del Mundo |
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Dios enfatiza repetidamente en el Corán que éste es “un mundo con placeres que están condenados a desparecer”. Nos relata historias de sociedades y personas del pasado que gozaron de riqueza, fama o elevada posición social y no obstante tuvieron un final desastroso. Eso es exactamente lo que les sucedió a los dos hombres mencionados en el capítulo al-Khaf: Propónles la parábola de dos hombres, a uno de los cuales dimos dos viñedos, que cercamos de palmeras y separamos con sembrados. Ambos viñedos dieron su cosecha, no fallaron en nada, e hicimos brotar entre ellos un arroyo. Uno (de los hombres) tuvo frutos y dijo a su compañero, con quien dialogaba: “Soy más que tú en hacienda y más fuerte en gente”. Y entró en su viñedo, injusto consigo mismo. Dijo: “No creo que éste (es decir, su viñedo) perezca nunca. Ni creo que ocurra la Hora (del Juicio). Pero, aún si soy llevado ante mi Señor, he de encontrar, a cambio, algo mejor que él (es decir, algo mejor que su viñedo)”. El compañero con quien dialogaba le dijo: “¿No crees en Quien te creó de tierra, luego, de una gota (de esperma) y, luego, te dio forma de hombre? En cuanto a mí, El es Dios, mi Señor, y no asocio nadie a mi Señor. Si, al entrar en tu viñedo, hubieras dicho: ‘¡Que sea lo que Dios quiera! ¡La fuerza reside sólo en Dios!’. Si ves que yo tengo menos que tú en hacienda e hijos, quizá me dé Dios algo mejor que tu viñedo, lance contra él (el viñedo del compañero) rayos del cielo y se convierta en campo pelado, o se filtre su agua por la tierra y no puedas volver a encontrarla”. Su cosecha fue destruida y, a la mañana siguiente, se retorcía las manos pensando en lo mucho que había gastado en él: sus cepas estaban arruinadas. Y decía: “¡Ojalá no hubiera asociado nadie a mi Señor!”. No hubo grupo que, fuera de Dios, pudiera auxiliarle, ni pudo defenderse a sí mismo. En casos así sólo el Dios verdadero ofrece amistad. El es el mejor en recompensar y el Mejor como fin. Propónles la parábola de la vida de acá. Es como agua que hacemos bajar del cielo y se empapa de ella la vegetación de la tierra, pero se convierte (la vegetación) en hierba seca, que los vientos dispersan. Dios es potísimo en todo. La hacienda y los hijos varones son el ornato de la vida de acá. Pero las obras perdurables, las buenas obras, recibirán una mejor recompensa ante tu Señor, constituyen una esperanza mejor fundada. (Corán, 18:32-46). La vanagloria de lo que se posee lleva al ridículo. Esta es una ley fija de Dios. La riqueza y el poder El los da como un don y en cualquier momento puede arrebatarlos. La historia de “la gente del Paraíso” que se relata en el Corán, es ejemplo de ello: Les hemos probado como probamos a los dueños del jardín (a los hombres del relato anterior). Cuando juraron que tomarían sus frutos por la mañana, sin hacer salvedad (es decir, sin añadir piadosamente “si Dios quiere”). Mientras dormían cayó sobre él (es decir, el jardín) un azote enviado por tu Señor y amaneció (el jardín) como si hubiera sido arrasado. Por la mañana (cuando aún no sospechaban nada), se llamaron unos a otros: “¡Vamos temprano a nuestro campo, si queremos recoger los frutos!”. Y se pusieron en camino, cuchicheando: “¡Ciertamente, hoy no admitiremos a ningún pobre!”. Marcharon, pues, temprano, convencidos de que serían capaces de llevar a cabo su propósito. Cuando lo vieron (al jardín), dijeron: “¡Seguro que nos hemos extraviado! ¡No, se nos ha despojado!”. El más moderado de ellos dijo: “¿No os lo había dicho? ¿Por qué no glorificáis?”. Dijeron: “¡Gloria a nuestro Señor! ¡Hemos obrado impíamente!”. Y pusieron a recriminarse. Dijeron: “¡Hay de nosotros, que hemos sido rebeldes (a Dios)! Quizá nos dé nuestro Señor, a cambio, algo mejor que éste (es decir, algo mejor que su jardín). Deseamos ardientemente a nuestro Señor”. Tal fue el castigo. Pero el castigo de la otra vida es mayor aún. Si supieran… (Corán, 68:17-33).
La historia de Coré se narra en el Corán como un arquetipo de la persona materialmente rica. Tanto Coré como los que anhelan su riqueza y posición social, son llamados creyentes que dejaron de lado su religión en función de obtener cosas de este mundo. Eso les llevó a perder las bendiciones del otro mundo, lo cual es una privación eterna: Coré formaba parte del pueblo de Moisés y se insolentó con ellos. Le habíamos dado tantos tesoros que un grupo de hombres forzudos apenas podía cargar con las llaves. Cuando su pueblo le dijo: “¡No te regocijes, que Dios no ama a los que se regocijan (por los bienes materiales)! ¡Busca en lo que Dios te ha dado la Morada Postrera, pero no olvides la parte que de la vida de acá te toca! ¡Sé bueno (con los otros), como Dios lo es contigo! ¡No busques corromper en la tierra, que Dios no ama a los corruptores!”. Dijo (Coré): “Lo que se me ha dado lo debo sólo a una ciencia que tengo”. Pero ¿es que no sabía que Dios había hecho perecer antes de él a otras generaciones más poderosas y opulentas que él? Pero a los pecadores no se les interrogará acerca de sus pecados (porque Dios los conoce bien). Apareció (Coré) ante su pueblo, rodeado de pompa. Los que deseaban la vida de acá dijeron: “¡Ojalá se nos hubiera dado otro tanto de lo que se ha dado a Coré! Tiene una suerte extraordinaria”. Pero los que habían recibido la Ciencia, dijeron: “¡Ay de vosotros! La recompensa de Dios es mejor para el que crea y obre bien. Y no lo conseguirán sino los que tengan paciencia”. Hicimos que la tierra se tragara a él (a Coré) y su vivienda. No hubo ningún grupo que, fuera de Dios, le auxiliara, ni pudo defenderse a sí mismo. A la mañana siguiente, los que la víspera habían envidiado su posición dijeron: “¡Ah! Dios dispensa el sustento a quien El quiere de sus Siervos: a unos con largueza a otros con mesura. Si Dios no nos hubiera agraciado, habría hecho que nos tragara (la tierra). ¡Ah! ¡Los infieles no prosperarán!”. Asignamos esa Morada Postrera a quienes no quieren conducirse con altivez en la tierra ni corromper. El fin (es decir, el buen fin) es para los que temen a Dios. (Corán, 28:76-83). La principal mala acción de Coré fue considerarse alguien independiente de Dios. Como sugiere el versículo, él no negaba Su existencia sino que, simplemente, asumía que, debido a sus características superiores, merecía el poder y la riqueza que el Señor le había concedido. |
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