Nuestras Creencias
Las buenas palabras | Las buenas palabras |
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Algunas personas, incluso aunque su conciencia les dicte que deben perdonar a alguien que les ha causado algún mal o hablar con amabilidad a quien se ha dirigido a ellos en un tono poco amable, prefieren no hacerlo y responder al insulto con uno mayor. Según esta forma de pensar tan equivocada, ostentar un tono de irritación, ridiculizar a otra persona con palabras arrogantes e insultos y responder con insolencia y falta de respeto es un signo de superioridad. Ni qué decir tiene que estas ideas son del todo contrarias al Corán. En él, Dios nos pone los siguientes ejemplos de la bendición que supone hablar con amabilidad y cómo resulta siempre beneficioso para los seres humanos:
Como podemos inferir de esta aleya, una persona que utiliza palabras edificantes y vive según ellas, hallará una gran belleza y dones incomparables en este mundo y en el que está por llegar. Por otro lado, una persona que usa palabras poco adecuadas y vive según las mismas, camina sobre una oscura carretera que le conducirá al Infierno. Un creyente se dirige con palabras correctas y sabias a todo el que se encuentra en el transcurso del día. Dondequiera que esté, habla de la religión de Dios, da consejos que provienen del Corán, pronuncia palabras que recuerdan a Dios y el buen carácter del Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, y habla a los demás con respeto. Para animar a sus amigos, elogia sus buenas cualidades que son las que nos enseña el Corán y la Sunna y conversa de modo que ayude a los demás a pasar el día de forma más alegre y animada. Podemos comparar este comportamiento que muestran los creyentes con el buen árbol frutal de la aleya anterior. Sin embargo, algunos prefieren no destacar las buenas cualidades de otros, sino humillarles exponiendo sus errores y defectos. Como ya hemos señalado, en las aleyas del sura Abraham, nuestro Señor nos previene sobre este modo de actuar y compara el lenguaje utilizado con un árbol malo que no da fruto. Así como una mala palabra destruye una buena relación, también enfría el entusiasmo de la otra parte y es causa de pena y remordimiento. Por otro lado, cuando un creyente habla con alguien dándole un consejo sobre cómo remediar sus defectos o señalando sus errores, tendrá cuidado en elegir las mejores palabras. Al hacerlo así, cumplirá el siguiente mandato de Dios:
Tal y como dice Dios en esta aleya, el demonio intenta que no nos digamos cosas buenas unos a otros y, de este modo, hacer que nos enemistemos. Cuando se dice algo negativo, el demonio intenta, inmediatamente, introducir sospechas para entrometerse y enemistar a las dos partes. Una persona que se siente incómoda porque se han dirigido a ella de modo desagradable se verá influenciada por las insinuaciones que el diablo le hace y responderá a la otra del mismo modo. Esto dañará o incluso destruirá su amistad. Sin embargo, una palabra positiva evitará el peligro de que Satán nos induzca a error. Por este motivo, los creyentes intentan hablarse del modo más positivo posible para que el demonio no tenga ni la ocasión ni la oportunidad de interferir entre ellos. Tal actitud será el modo de estrechar sus lazos de amistad. Nuestro Profeta, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, ha ordenado que los creyentes mantengan siempre una conducta elevada y que hablen elogiando a los demás.
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