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Cuando los creyentes se encuentran a lo largo del día, se expresan sus más sinceros deseos, es decir, se desean la paz. Haciendo esto cumplen con la recomendación de Dios: "Si os saludan con un saludo [de paz], corresponded con un saludo aún mejor, o [al menos] con otro igual..." (Sura Las mujeres 4: 86) En otra aleya, Dios aconseja a los creyentes que pronuncien sus deseos de paz cuando entren en una casa: … siempre que entréis en casas, saludaos unos a otros con un saludo bendecido y excelente, como Dios manda. De esta forma os aclara Dios Sus mensajes, para que [aprendáis a] usar vuestra razón. (Sura La luz 24: 61)
Cuando un creyente sale de casa, desea con amabilidad a los vecinos que se encuentra que pasen un buen día y la paz y la misericordia de Dios. Saluda a los que se encuentra por la calle, a sus amigos de la escuela y a otros de igual manera. Si alguien le saluda, no importa quien sea, se da por saludado y le responde incluso de mejor modo. Este comportamiento es una de las cosas bellas que nos trajo el Corán y la Sunna con respecto a las relaciones humanas. Al ofrecer un saludo de paz, la atmósfera fría y tensa que existe entre gente que no se conoce se disipa. Las personas se acercan y se crea un ambiente cálido entre ellas incluso aunque no se conozcan. Sin embargo, en la sociedad actual, el saludo de la paz se hace como costumbre. Algunas personas saludan sólo a quienes saben que les van a beneficiar o que pueden obtener beneficio de ellos. A veces no responden al saludo de las personas que piensan que tienen un rango inferior al suyo, o fingen que no les han oído para humillarles. Y, lo que resulta aún más grave, este comportamiento es algo que se ve como normal en ciertos círculos.
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