Los pilares del Islam
Evitar la ira y las discusiones | Evitar la ira y las discusiones |
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Las discusiones son causa de que la gente se enfade, convirtiéndose en discrepancias, lucha y conflictos. Si una pequeña disputa entre dos amigos se hace mayor, la ira sustituye a todos sus sentimientos positivos. En el versículo 54 del sura La cueva (18) Dios llama nuestra atención sobre esta cualidad negativa y dice que los seres humanos son, sobre todo, discutidores. Por este motivo los creyentes deben evitar a toda costa cualquier tipo de discusión que pueda debilitar o destrozar su espíritu de unidad, compañerismo y hermandad. Dios prohíbe claramente este tipo de comportamiento:
Las disputas minan la fuerza de los creyentes, no ofrecen ninguna solución a los problemas, no son beneficiosas y ocurren a instancias del demonio. Aunque una persona de buena conciencia ve las discusiones y peleas como algo malo e inaceptable, aún así sus más bajos instintos lo empujan hacia las discusiones y conflictos. Por esta razón, alguien que toma el Corán como guía y siempre actúa de acuerdo con su conciencia nunca dejará que le invadan las ganas de discutir. Incluso si surge alguna disputa como resultado de un momento de descuido, recobrará el dominio de sí mismo, recordará los mandatos de Dios, se dará cuenta de que no Le está agradando y abandonará ese comportamiento. Una persona que tiene fe puede encontrarse con todo tipo de gente a lo largo del día pero evitará a toda costa cualquier disputa. Por ejemplo, mientras está de compras no se enzarzará en discusiones con el tendero sobre los precios, o con el conductor del autobús porque llega tarde, o con un guardia de tráfico que no da paso a la cola en la que está esperando. Si se encuentra en una situación donde piensa que se le trata injustamente, no se enfadará y comenzará una pelea sino que elegirá resolver el problema actuando positiva e inteligentemente. En el Corán, Dios dice que un creyente no debe enfadarse:
Alguien que vive de acuerdo con las enseñanzas del Corán no cambiará su modo de actuar según el comportamiento de la persona que encuentre. Puede que esta última se ría de él, utilice un lenguaje desagradable, se enfade, se vuelva insultante o incluso agresiva, pero la amabilidad, modestia, misericordia y dulzura de un creyente nunca cambian. No insulta a una persona que le ha insultado primero o ridiculiza a alguien que le ha ridiculizado o contesta a la ira con ira. Si alguien se enfada con él, se tranquiliza y se domina y actúa como nuestro Profeta, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, le ha aconsejado en uno de sus hadices:
Un creyente sabe que cada momento y cada cosa ha sido creada para probarle. Por este motivo, en vez de discutir con alguien, prefiere utilizar un buen lenguaje y paciencia para sobreponerse a la ira que se le dirige. Sabe que éste es el tipo de comportamiento que agrada a Dios, cuya aprobación pretende lograr. |
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