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NO HAY MAS DIOS QUE DIOS: MÉTODO DE VIDA


La antigua sociedad incrédula podía unirse o no, a la nueva sociedad musulmana, podría también adoptar, por lo que a ella se refiere, una aptitud conciliadora o beligerante, aunque la regla seguida hasta ahora, implicó que la incredulidad se sublevara contra los precursores de la nueva sociedad desde su formación--tanto cuando fue representada por individuos y grupos-- o sobre toda la sociedad musulmana después de su formación efectiva, como fue el caso en la historia llamamiento al Islam sin ninguna excepción desde Noé -la bendición de Dios sea con él-, hasta Muhammad -que la paz y la bendición de Dios sean con él-. 

 

 Es natural, que la  religión musulmana no pudo tomar forma y existir realmente nada más que cuando alcanzó un nivel de fuerza que le permitía hacer frente a la presión de la vieja sociedad incrédula, una fuerza de creencia y conceptos, una fuerza de iniciativa y de refuerzos de sí misma, una fuerza de organización y edificación social y todos los medios de fuerza por los cuales podría afrontar la presión de la  sociedad incrédula y vencerla, o al menos ¡resistirla! 

 

 ¿Pero qué es la sociedad incrédula? y ¿cuál es el método del Islam en su enfrentamiento contra ella?

 

¡La sociedad incrédula es toda sociedad que no es musulmana! Si tenemos precisión objetiva, podemos decir: toda sociedad que no limita su sumisión a Dios único... Esta sumisión es representada por el concepto de las creencias, por los ritos de adoración y por las legislaciones jurídicas... 

 

Por esta calificación objetiva todas las sociedades que existen actualmente en la tierra son englobadas en el cuadro de la sociedad incrédula. 

 

Las sociedades comunistas forman parte.... primeramente: por su negación de Dios -altísimo sea- y negar su existencia, los marxistas llevan la causa de su existencia al materialismo, y a la naturaleza. Atribuyen la eficacia de la vida del hombre y su historia a la economía o a los medios de producción. Segundo: por levantar un régimen de sumisión al partido que estima, ¡suponiendo que la dirección colegial es una verdad! Resultando de este concepto y de este régimen, el desdeño de la cualidades humanas. Considerando que las necesidades del hombre son como las del animal, limitándose al sustento, bebida, vestido, alojamiento y la satisfacción del sexo. Les prohíben la manifestación de las necesidades espirituales del hombre que les diferencia del animal, en primer lugar por: fe en Dios, la libertad de elegir y la libertad de expresión de los mismos. Han abolido igualmente el derecho de expresar su libertad individual que es uno de los principios particulares del hombre. 

 

Esta individualidad que está representada por la propiedad privada y el derecho de elegir un trabajo, de poder ejercerlo, el derecho del espíritu a manifestarse por medio del arte. Las distintas particularidades que diferencian al hombre del animal o de la máquina son ignorados por el concepto y el régimen comunista que rebajan frecuentemente al hombre del rango animal al de la máquina! 

 

Las sociedades idólatras son englobadas en este mismo cuadro, existen todavía en India, Japón, Filipinas y en África. Estas sociedades forman parte del mundo de la idolatría, en primer lugar: por el concepto de adorar a diferentes señores que a Dios o adjudicándole a Dios la adoración de otras divinidades poniéndolos a su nivel. Forman parte de este mismo cuadro, en segundo lugar, por el cumplimiento de ritos religiosos en honor de estas diversas divinidades adorándolos con veneración y fidelidad. En tercer lugar por establecer regímenes y legislaciones que no tienen ninguna relación ni con Dios ni con sus leyes. Sean estos regímenes y estas legislaciones inspiradas en los santuarios por los adivinos, por los magos o de los senadores o de formaciones civiles laicas, que poseen el poder de legislar sin tomar, no obstante, en consideración la legislación divina. Ellos retienen el poder supremo en el nombre del pueblo o en el nombre del partido o en el nombre, no importa de qué. 

 

El poder supremo no puede venir nada más que de Dios Único y este poder no se puede ejercer nada más que por la vía que Dios ha trazado a los hombres por medio de sus Enviados Mensajeros -que la paz sea con todos ellos-. 

 

Las sociedades judías y cristianas repartidas en los distintos rincones del mundo forman parte, también, de esta sociedad por sus conceptos alterados de la fe que niegan la unicidad divina, asociándole a Dios otros partidarios bajo cualquier forma de la incredulidad. Sea bajo la adaptación de un hijo o bajo la forma de la trinidad, imaginando a Dios bajo una forma que no está conforme con su realidad o bien atribuyéndole lazos inexistentes con sus criaturas. 

 

Los judíos dicen Uzair es el hijo de Dios; y los cristianos dicen: «El Mesías es hijo de Dios»; tales son las palabras de sus bocas; remedan con ello las de sus antepasados incrédulos. ¡Que Dios les maldiga! ¡Cómo se desvían! (Sura 9, aleya 30) 

 

Son blasfemos quienes dicen,: «Ciertamente, Dios es uno de la trinidad, cuando no existe ningún dios más que Dios único. Si no desisten de cuanto dicen, un severo castigo azotará a los incrédulos de entre ellos.» (Sura 5, aleya 73) 

 

Los judíos dicen: «La mano de Dios está trabada. ¡Que sus manos sean trabadas y sean malditos por cuanto dicen! ¡Quía -Sus manos están abiertas. Prodiga a quien quiere ... ». (Sura 5, aleya 64) 

 

Los judíos y los cristianos dicen: «¡Somos hijos de Dios y sus predilectos!» Diles: «¿Por qué, entonces, os castiga por vuestros pecados? ¡Quía! -Sois solamente seres humanos de cuanto ha creado...» (Sura 5, aleya 18) 

 

Estas sociedades forman también parte por sus ritos de adoración, ceremonias y festividades, basados en los desviados y alterados conceptos... Asimismo por sus regímenes y legislaciones que no se basan en la sumisión a Dios único, al no admitir el derecho divino en la soberanía y no hacer depender la autoridad en la legislación de Dios, sino que constituyen organizaciones de la gente que tiene el derecho máximo de la soberanía que no puede ser más que de Dios -altísimo sea-.

 

 Antiguamente les ha acusado Dios de la incredulidad, porque han autorizado este derecho a los rabinos y sacerdotes para promulgar legislaciones por sí mismos y que la gente acepte lo que aquellos legislan. 

 

Tomaron por señores a sus escribas y sus monjes en vez de Dios, así como el Mesías, hijo de María; cuando no se les ordenó adorar sino a un solo Dios. ¡No hay más dios que El! ¡Glorificado sea de cuanto le asocian! (Sura 9, aleya 31) 

 

Pues la gente no creía en la divinidad de los rabinos y sacerdotes, ni tampoco ofrecía sus ritos de adoración para ellos, sino solamente reconocían el derecho de soberanía para ellos, al aceptar lo que estos legislaban sin ningún permiso de Dios, entonces esta gente merece más todavía la acusación de incrédulos al otorgar a sus semejantes este derecho, sin ser rabinos ni sacerdotes. 

 

Y finalmente forman parte del mismo cuadro de la sociedad incrédula las sociedades que pretenden ser musulmanas. 

 

Estas sociedades entran en el cuadro de la incredulidad no porque crean en la divinidad de otros señores que Dios ni porque cumplen ritos de adoración en honor de otros señores que Dios, sino más bien porque no se someten únicamente a Dios, en su modo de vida, a pesar de su fe en la unidad divina. Atribuyendo los atributos más ligados de Dios a otros seres que se someten también a otros poderes que al de Dios y aceptan de estos poderes todo lo que rige sus organizaciones, sus valores, sus juicios, sus costumbres, sus tradiciones y los principios que constituyen su existencias. 

 

Dios, -altísimo sea- dice con motivo de los que tienen el poder: 

 

« ... Quienes no gobiernan según lo que Dios ha revelado, son incrédulos.» (Sura 5, aleya, 44)

 

Y dice también de los gobernadores:  

 

¿No has visto a  quienes pretenden crear en lo que te fue revelado y en lo que fue revelado antes que a ti, y desean ser juzgados por el seductor cuando les fue ordenado negarlo? Pero Satanás quiere desviarles profundamente. 

Y cuando se les dice: «Venid a lo que Dios ha revelado, y al Apóstol, verás a los hipócritas apartarse de ti, desdeñosamente. 

¿Y cómo estarán cuando les azote un infortunio, por lo que sus manos hayan hecho? Luego vendrán a ti jurando por Dios «¡Sólo hemos ansiado el bien y la concordia!». 

Estos son quienes Dios conoce lo que encierran sus corazones. ¡Apártate de ellos, exhortándoles, y diles a sus almas, penetrantes! -Jamás enviamos un Apóstol sino para que sea obedecido como Dios manda. Si cuando pecaron, hubiesen recurrido a ti y hubieran implorado el perdón de Dios, y que también el Apóstol hubiese pedido perdón por ellos, entonces encontrarían a Dios remisorio Misericordiosísimo. 

¡Quía! ¡Por tu Señor! -No creerán hasta que le tomen por juez de sus disensiones, y cuando no hallen nada que objetar a lo que tú hayas sentenciado entonces, se someterán a ti totalmente.

(Sura 4, aleyas 60-65) 

 

Dios -altísimo sea-, ha calificado a los judíos y a los cristianos infieles, igual que a los que pretenden ser musulmanes, ninguno tiene la fe en un Dios único, sin imágenes ni otras representaciones materiales de la divinidad, porque no creen en un Dios único, esto quiere decir apartarse del poder de Dios y salir de su religión. 

 

Algunas de estas sociedades se declaran abiertamente laicas y no tienen, fundamentalmente, ninguna relación con la religión; otros declaran también que respetan la religión, pero no le conceden un sitio en su organización social; afirman no reconocer al «Mundo invisible», y organizan su vida en la base del laicismo, considerando que éste se opone al «Mundo Invisible». 

 

Esto es una pretensión incierta y presenta una aberración de ignorantes. 

 

otras sociedades atribuyen el poder práctico a otros, en vez de Dios e instituyen legislaciones que atribuyen a Dios... 

 

Todas estas sociedades se parecen por el hecho de que no se consagran únicamente a la sumisión de Dios único.... y encajan todas sin ninguna excepción en el cuadro de las sociedades idólatras. 

 

Si esto ha quedado claro, entonces la posición del Islam, respecto a estas sociedades incrédulas se especifica en una sola frase: 

 

Niega reconocer a todas estas sociedades como islámicas, así como su legitimidad. 

 

El Islam no mira los slogans, los lemas y las pancartas que llevan estas distintas sociedades... Pues todos ellos coinciden en una misma realidad, que es que la vida no se basa en la total sumisión a Dios único y es por eso por lo que coincide con todas las otras sociedades en un mismo signo, el de la incredulidad. 

 

Esto nos conduce a la última cuestión que es el método del Islam en la resolución de toda realidad humana. Fue útil referirnos a esta causa en el primer capítulo que trata de «La naturaleza de la sociedad musulmana», así pues, todo el destino se basa en la única sumisión a Dios, sin asociados. 

 

La delimitación de esta naturaleza, da una respuesta decisiva a la cuestión: 

 

-¿Cuál es el origen de la vida humana y sobre qué base esta vida se apoya? ¿Es la religión de Dios y su método para la vida? ¿O es la realidad humana, sea cual fuere? 

 

El Islam da, en efecto, una respuesta decisiva a este problema, una respuesta neta y que no supone ninguna duda... 

 

El origen al cual debe volver el conjunto de los problemas que tocan a la vida humana, es sin duda alguna, la religión de Dios y su método en la vida. La creencia de que -No hay más dios que Dios y que Muhammad es su Enviado Mensajero», que es el primer pilar del Islam, no puede ser desempeñada y cumplida más que bajo este fundamento. La sumisión a Dios único, recibiendo la forma de cumplir esta sumisión de su Enviado mensajero, no puede ser realizada nada más que cuando se reconoce este origen y se siga al pie de la letra sin la menor duda: 

 

« ... Aceptad, pues lo que del trofeo os dé el Apóstol y absteneos de cuanto él os prohíba ... ». (Sura 59, aleya 7) 

 

luego el Islam pregunta a las gentes: 

 

« ... ¿Sois, acaso, vosotros más sabios o lo es Dios?...».

(Sura 2, aleya 140) 

 

Y contesta: 

 

« ... Porque Dios sabe y vosotros ignoráis.» (Sura 2, aleya 232) 

 

« ... Y sólo se os ha concedido una mínima parte del saber.»

(Sura 17, aleya 85) 

 

El que conoce, crea y proporciona el sustento, también, es el único que puede gobernar, y su religión, que es un método para la vida, debería ser el único origen de ésta; en cuanto a la realidad de los demás humanos, sus teorías, y sus inclinaciones tienden todas a empeorar y desviar y a edificarse sobre las ciencias de los seres, que no saben o que no tienen más que algunos rudimentos de la ciencia. 

 

La religión de Dios no es ambigua y su método en la vida no es vacilante. Es delimitada por la segunda parte de la profecía que consiste en creer que Muhammad es el Enviado mensajero de Dios; esta segunda parte está pues ligada a lo que había comunicado el Profeta de la revelación (textos institucionales), Si hay un texto, entonces será la ley y no cabe la investigación. 

 

Pero si no hay texto, entonces viene la actuación de la investigación según los fundamentos establecidos en la misma ley de Dios y no según los deseos e inclinación. 

 

«...Si disputaseis por cualquier causa acudid a Dios y al Apóstol ... ». (Sura 4, aleya 59) 

 

Tanto más cuanto que los métodos instituidos para el estudio y la interpretación son conocidos, y no son ni ambiguos ni vacilantes. 

 

No es nada posible a cualquiera atribuir a Dios una ley instituida por El mismo. El poder supremo debe ser reconocido solamente a Dios, fuente de la cual emanan todos los poderes. Estos poderes, no emanan ni del pueblo, ni del partido, ni de cualquiera; se debe referir a la palabra de Dios (Corán) y al comportamiento de su Profeta para conocer lo que Dios quiere; esto no es posible para los que se atribuyen el poder en el nombre de Dios. 

 

Europa ha conocido este género de reino bajo el nombre de «Teocracia» o «El Poder Sagrado»; esto no tiene ninguna relación con el Islam. 

 

Ninguna persona tiene el poder de comunicar la palabra de Dios excepto su Enviado mensajero; hay textos precisos que delimitan las instituciones de Dios. 

 

Es de señalar que la palabra «la religión para la realidad» está mal comprendida y es a menudo mal empleada también; porque está bien entendido, que la religión de Dios es para la realidad, ¿pero cuál? 

 

Esta es la realidad que Crea esta religión misma, según su propio método aplicándose a la naturaleza humana y realizando las reales necesidades humanas sin excepción, necesidades que el creador impone, porque El sólo sabe. 

 

«¡Cómo no habría de conocerlas el Creador si es el revelador, omnisapiente!». (Sura 17, aleya 14) 

 

la religión no afronta la realidad para justificarla y buscarle argumentos de orden religioso que puedan servirle de slogans ocasionales, sino más bien para examinar la realidad verificando lo que es aceptable y lo que debería ser rechazado y a partir del conjunto de estos elementos hacer la realidad. Es en todo esto, en lo que reside el significado que quiere probar que el Islam es la religión de la realidad. 

 

Se puede aquí preguntar: ¿El interés de los seres no debería plasmar su realidad? 

 

Y una vez más nos referimos a una cuestión que pone el Islam, y a la cual responde por 

 

«...Sois acaso, vosotros más sabios, o lo es Dios?...».

(Sura 2, aleya 140) 

 

« ... Porque Dios sabe y vosotros ignoráis.» (Sura 2, aleya 232) 

 

En efecto, el interés de los seres reside en lo que Dios ha instituido para ellos. Como El lo ha revelado por medio de su Enviado mensajero... Si a veces parece a los seres que su interés está en contradicción con lo que Dios ha instituido para ellos, entonces no tienen, en primer lugar, en esta causa más que falsas ilusiones. 

 

«... ¡No siguen sino sus propias conjeturas y las concupiscencias de sus almas a pesar de haberles llegado la guía de su Señor! ¿Por ventura obtendrá el hombre cuanto ambiciona? Pero, sólo a Dios pertenece la otra vida y la presente.» (Sura 53, aleyas 23-25) 

 

Son, en segundo lugar, infieles los que pretenden que el interés está en contradicción con lo que Dios ha instituido y quedan un solo instante en esta religión y entre sus adeptos.

 

 


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