Ya'far Ibn Abi Tálib
Muhammad (PyB) le dijo" Eres como
yo en conducta e imagen."
Apodado por el Mensajero de Allah (PyB)
"Padre de los menesterosos" y "El de las dos alas" .
Estamos ante el ave del Paraíso... Ya'far Ibn Abi Tálib (RA) Era uno de los
excelsos hombres de la primera generación islámica, los que lucharon firmemente
para la transformación de los conceptos de la vida.
Llegó ante el Mensajero de Allah (PyB)
ya islamizado, y de este modo, tomó su elevada posición entre los primeros
Creyentes. Su esposa, Asmá hija de Umáis, abrazó el Islam el mismo día que él.
Ambos soportaron con coraje y valentía la opresión y la tortura. Cuando el
Mensajero eligió Abisinia para que sus Compañeros emigraran y estuvieran
a salvo, Ya'far (RA) partió con su esposa hacia allí.
En Abisinia, Ya'far Ibn Abi Tálib (RA)
fue el portavoz de los musulmanes. Allah le había dado entre muchas otras
cosas, inteligencia, lucidez y elocuencia. El día de Mu-ta (*) fue el más
glorioso, magno e inolvidable de su vida. Pero el día de su diálogo frente al
Negus de Abisinia no fue menos glorioso. Fue, sin lugar a dudas, un día
especial y una escena sin igual.
La furia de Qureish contra los musulmanes no se calmó, ni se apagó su rencor,
con la emigración de los fieles hacia Abisinia. Al contrario, los qureishíes
temieron que, allí, la fuerza de los musulmanes aumentara y su número creciera,
o que, por lo menos, el prestigio de Qureish se viese disminuido porque los
musulmanes habían escapado. Es así que decidieron mandar dos mensajeros a la
corte del Negus de Abisinia para convencerlo, por medio de costosos regalos, de
expulsar a los musulmanes refugiados en sus tierras. Estos dos embajadores
eran: Abdallah Ibn Abi Rabi'a y Amru Ibn Al 'As, quienes aún no eran
musulmanes.
El Negus, soberano de Abisinia, era un
hombre de fe clara, profesaba un cristianismo puro y original, alejado de todo
extremismo y fanatismo. Tenía fama de justo y esa fama se divulgó por todas
partes. Por esta razón el Profeta (PyB) eligió su tierra para que los
musulmanes se refugien en ella. Y por este motivo, los qureishíes temian de
ello.
Los embajadores enviaron muchos regalos a los obispos y los sacerdotes de
Abisinia, a fin de persuadirlos de apoyar la petición qureishí ante el
Negus. Comezaron a impregnar el corazón de los religiosos de rencor y odio
contra los musulmanes emigrados; luego, les pidieron su apoyo para que el Negus
los expulsara. Fijaron una reunión con él y con la presencia de los musulmanes
perseguidos.
Este en su trono, fue escoltado
por los obispos y su corte, los musulmanes se ubicaron frente a él, en una sala
amplia. Se les notaba tranquilos pues los cobijaba la clemencia divina. Los
qureishíes plantearon al Negus las mismas acusaciones que le habían presentado
en una reunión anterior que tuvieron a solas con él. "¡Oh rey!", le
dijeron, "han llegado a tu país jóvenes insolentes; dejaron la religión de
su gente, y no abrazaron la tuya. Han inventado una religión que ni tú ni nosotros
conocemos. Por eso los notables de su pueblo, incluyendo sus familias, nos han
enviado para que tú los devuelvas."
El Negus volvió la cara hacia los musulmanes y les preguntó: "¿Qué
religión os ha hecho abandonar las creencias de vuestra gente y os satisfizo en
lugar de nuestra religión?"
Ya'far (RA), se adelantó para cumplir
con la misión que los emigrantes acordaron encargarle antes de llegar a la
reunión. Se puso de pie con respeto y calma y con una mirada amable hacia
el rey que los había protegido de buena manera, dijo:
"¡Oh rey! Eramos ignorantes, adorábamos ídolos, practicábamos
obscenidades, cortábamos los lazos familiares, éramos malos vecinos, el
poderoso de entre nosotros devoraba al débil... así estabamos hasta que
Dios nos mandó un Mensajero de entre nosotros mismos. Conocíamos a su familia,
su sinceridad, su fidelidad y su virtud.
Nos invitó a adorar al Dios Único, y a dejar lo que adoraban nuestros padres de
piedras e imágenes, nos ordenó ser sinceros al hablar, nos ordenó la lealtad,
no cortar los lazos sanguíneos, la bondad con los vecinos, abstenernos de
lo ilícito y de la venganza, nos prohibió la obscenidad, el perjurio, la
malversación del patrimonio de los huérfanos, confiamos en él, le creímos y le
seguimos para que nos enseñe lo que Dios le reveló.
Entonces hemos adorado al Dios
Único, y no hemos asociado con Él otra divinidad; obedeciendo Sus órdenes,
hemos declarado prohibido lo que el Mensajero (PyB) nos ha comunicado que es
ilícito y viceversa. Nuestro pueblo, por su parte, nos ha atacado, nos ha
torturado queriendo alejarnos de nuestra religión y hacernos regresar a la
idolatría... cuando nos hicieron sufrir injustamente, cuando nos hicieron la
vida imposible, deseando separarnos de nuestro nuevo credo, emigramos hacia
vuestro país, esperando vuestra protección, deseando que la injusticia no nos
alcance a vuestro lado..."
Las claras palabras de Ya'far llegaron al corazón del Negus, dejándole
maravillado y llenándole de emoción. Se dirigió a Ya'far (RA) diciéndole:
"¿Tienes algo de lo que ha sido revelado a tu Mensajero?"
"Sí" dijo Ya'far(RA).
"Recítamelo" dijo el Negus.
Ya'far comenzó a recitar aleyas de la sura de María, de un modo dulce y con
mucho respeto. Conmovieron al Negus y a sus obispos, lo escuchado. Al mirar a
los enviados de Qureish les dijo: "Por cierto que esto y lo revelado a
Jesús (AS) procede del mismo origen. ¡Retírense! ¡Por Dios que no se los
entregaré!"
Ese fue un día victorioso para los musulmanes, pero Amru Ibn Al 'As era un
hombre astuto, no aceptaba la derrota ni se resignaba ante la misma. Apenas
llegó a su residencia, meditó un tiempo y luego dijo a sus amigos: "Por
Dios, mañana regresaré junto al Negus y le contaré de ellos, algo que le hará
expulsarlos inmediatamente. Le diré que ellos creen que Jesús (AS) es uno de
los siervos de Dios como cualquier otro..."
De este modo, Amru pondría a los
musulmanes entre la espada y la pared, ya que si ellos decían que Jesús (AS) es
uno de los siervos de Dios, el rey y sus obispos se enfadarían con ellos, y si
negaban el carácter humano de Jesús (AS), iría en contra de sus creencias.
Amru fue a entrevistarse con el rey al
día siguiente, le dijo: "¡Oh rey! Ellos dicen cosas terrible sobre Jesús
(AS)". Los obispos se agitaron y se conmovieron bastante por lo dicho.
Nuevamente llamaron a los musulmanes para que respondan. Los musulmanes, al
saber de la nueva trampa, acordaron decir la verdad oída de su Profeta (PyB), y
se encomendaron a Dios.
El Negus empezó preguntando a Ya'far (RA): "¿Qué dicen de Jesús?"
Ya'far (RA) se incorporó confiado y dijo:
" Decimos lo que nuestro Profeta nos ha enseñado:
...es Siervo y Mensajero de Dios, y su verbo, con el cual agració a
María, y un espíritu que emana de Él..."
El Negus, con agrado, creyó y declaró
ciertas las palabras de Ya'far (RA), expresándo que esto era lo que el Mesías
decía de sí mismo. Sin embargo, los obispos no aprobaron lo que oían. El Negus,
un creyente iluminado, se dirigió a los musulmanes diciendo: "Podéis iros.
Estáis protegidos en esta tierra. Quienquiera que os insulte u os haga daño,
deberá pagar por ello...". Luego dijo a sus guardias,
indicando a los qureishíes: "Devolvedles sus regalos, pues no los
necesito... ¡Por Dios que
me ha agraciado bastante! No soy de los que aceptan sobornos..." Los
embajadores qureishíes salieron derrotados y retornaron a Makka.
Los musulmanes, liderados por Ya'far
(RA), aseguraron su vida en Abisinia, hasta que Dios les permitió volver
con su Mensajero (PyB), sus familias y sus hogares.
El Mensajero de Allah (PyB) estaba
celebrando la victoria de Jaibar cuando vio a Ya'far Ibn Abi Tálib (RA)
llegar de Abisinia junto con los demás emigrantes. El corazón del Mensajero
(PyB) se llenó de júbilo, le abrazó y le dijo: "No sé porque causa
alegrarme más: Por la llegada de Ya'far o por la victoria de
Jaibar...(*)"
El Mensajero (PyB) fue luego a
Makka, a realizar la Umra (Visita ritual), para retornar todos a Medina.
Ya'far (RA) quedó maravillado al escuchar las noticias de sus hermanos
Creyentes quienes, junto al Profeta (PyB), lucharon en las batallas de Badr,
Uhud y muchas más. Sus ojos lloraron por aquellos que fueron sinceros en su
promesa a Dios y perdieron la vida como mártires honorables. Su corazón
se llenó de una dulce nostalgia por entrar al Paraíso y esperó el momento y la
oportunidad para dar su vida por la causa de Dios.
La batalla de Mu-ta, estaba a punto de
empezar. Las banderas ondeaban en el horizonte, los ánimos estaban tensos por
empezar la batalla. Ya'far (RA) vio en esta batalla la oportunidad de su vida; ya
sea por lograr una gran victoria para la religión de Dios o por ganar una
gloriosa muerte en la causa de Dios. Se había presentado al Profeta (PyB)
pidiéndole fervientemente un lugar en la batalla. Ya'far (RA) sabía que no
sería un paseo ni una pequeña escaramuza, sino que era un combate en gran
escala de los que el Islam no había enfrentado jamás.
Se encontrarían con el ejército de un imperio próspero y grande que poseía
armas, soldados, experiencia y el dinero que ni los musulmanes ni los
árabes podían tener. Pese a la gravedad de la situación, Ya'far (RA) tenía
todas las ganas de participar, por ello fue nombrado uno de los Emires del
ejército. Las desiguales fuerzas se encontraron en un día terrible, Ya'far (RA)
al ver al ejército bizantino, se sorprendío y no sin razón.
Era la primera vez que los musulmanes
estaban frente a un ejército tan numeroso ( algunas fuentes expresaban que
llegaban a doscientos mil guerreros), tan bien equipados,
profesionales y ordenados.
Ya'far (RA) estaba feliz de todos modos; sintió placer; porque percibió que,
con la dignidad del creyente sincero y la confianza en Allah, los combatiría de
igual a igual.
Antes de caer la bandera de la mano
inerte del primer Emir, Zaid Ibn Hariza (RA), Ya'far (RA) la tomó en su diestra
y comenzó a luchar con increíble valentía. Tenía la audacia de los que no
sólo buscan la victoria sino que también desean la muerte como mártires. Pronto
se vio rodeado por los guerreros bizantinos. Al sentir que los movimientos
de su caballo se obstruían, bajó de él y empezó a golpear a los enemigos
con una furia sinigual.
Después de matar a su propio caballo,
pues un bizantino lo estaba montando, se lanzó en medio de las compactas filas
bizantinas, para combatir contra ellas. Sabía que era la victoria o la muerte.
Los enemigos lo rodearon nuevamente, en la ferrea lucha, cortaron su brazo
derecho, donde llevaba la bandera. Antes que el estandarte cayese, lo sujetó
con el izquierdo, el cual no tardó en ser cortado. Entonces abrazó la bandera
con sus muñones. En ese instante, su preocupación se centró en no dejar caer
este precioso estandarte del Mensajero de Allah (PyB) mientras tuviese vida.
Cuando cayó inerte, sus brazos aún sujetaban fuertemente la bandera. Abdullah
Ibn Rauuaha (RA) la vió ondear y, con rapidez, se dirigió hasta ella para
elevarla y llevarla con firmeza hacia su glorioso destino.
De esta manera, Ya'far (RA) escogió para sí una de las más gloriosas muertes
que un hombre pudiera elegir, al encontrarse con su Señor, por su propia
audacia y valentía. Allah el Sapientísimo comunicó el destino de la batalla y
de Ya'far (RA) a Su Mensajero (PyB), quien, a su vez, se resignó a la voluntad
de Allah y lloró la partida de su primo y Compañero.
Muhammad (PyB) se dirigió a la casa de Ya'far (RA), llamó a sus hijos,
los miró tiernamente y los besó mientras lloraba.
Los humildes lloraron la muerte
de Ya’far (RA), ya que era conocido como el "Padre de los
pobres". Abu Huraira (RA) dijo: "Ya'far Ibn Abi Tálib era lo mejor
para los pobres" Sí, fue el más generoso con sus posesiones en vida, y
cuando le llegó la hora, fue el más generoso con su sacrificio.
Abdullah Ibn Omar (RA) dijo penosamente: "Estaba junto a Ya'far en la
batalla de Mu-ta, encontramos en su cuerpo más de noventa heridas de estocadas
y flechas."
¡Más de noventa golpes de espada y lanza! Pero ¿Acaso los que le mataron
pudieron saciar su sed? ¿Pudieron, acaso, ganar algo de su espíritu y su
glorioso destino? No. Sus espadas y lanzas fueron un puente por el cual el gran
mártir cruzó para estar junto a Dios, El Clemente, El Supremo, en un lugar
elevado.
Allí estaba... en los eternos jardines del Paraíso, llevando orgulloso las
marcas y heridas de batalla.
El Profeta (PyB) dijo:
"Yo le he visto en el Paraíso... tenía dos alas, impregnadas de
sangre y la parte delantera de su cuerpo, teñida también”.
¡
Dios bendiga a Ya'far Ibn Abi Talib!
(*) Mu-ta, fue la batalla contra
los bizantinos donde Ya'far cayó como mártir.
(*) Jaibar, victoria contra los judíos que habitaban en la ciudad del
mismo nombre. Fue después del año seis de la Hégira.